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BIBLIOTECA IhíUEVA
ESPAÑA, PATRIA DE COLÓN
»ÜC. DE RIVADSNBYRA (s. A.). PASEO DB SAN VICENTE, 20. — MADRID
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
BIBLIOTECA NUEVA
USTA, 66. — MADRI© 1922
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AL GRAN ESPAÑOL DON RAFAEL CALZA- DA, QUERIDO AMIGO MIÓ B INSPIRADOR DE ESTA OBRA.
EL AUTOR
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AL LECTOR
En el año de 191 3, el insigne pontevedrés Celso Gai- cía de la Riega, escribió su obra Colón, español, siendo el primer historiador que proclamó la patria española de Colón. Su labor conjetural es digna de encomio; pero como la base de su trabajo asentaba sobre docu- mentos reargüidos de falsos, por apareéer, según dicen los paleógrafos, alterados, hubiera caído en el olvido si otro esclarecido español, el doctor Rafael Calzada, dis- tinguido jurisconstdto, publicista y ex diputado a Cor- tes por Madrid, no hubiese persistido en sostener que el gran almirante no era genovés, puesto que, además de los argumentos presentados por la Riega para con- ceptuarlo español, poseía fotografías de autógrafo de Cristóbal Colón, cuyos caracteres gráficos eran de letra española, distinta de la italiana de la misma época.
El doctor Calzada me escribió pidiendo unos datos, al propio tiempo que me instaba a que, ayudado por nuestros amigos D. Casto Sampedro, D. Heliodoro Fer- nández Gaztañaduy y D. Torcuato UHoa, hiciéramos, por medio de la Prensa, estado de opinión hasta que la Real Academia de la Historia estudiase el asunto y
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
salvase el error histórico de la cuna genovesa de Colón, afirmando que toda la gloria del descubrimiento de América correspondía a España.
¿Cómo podía desatender las indicaciones de mi ex- celente amigo, si así, además, contribuía a rehabilitar la memoria de Celso García de la Riega?
Lánceme, pues, con afán, a buscar nuevos elementos probatorios que me llevasen al firme convencimiento de que Crictóbal Colón fué español; y puedo jurar, que- ridos lectores, que si no hubiera adquirido tal convic- ción, no me atrevería a escribir este libro, exento de galas literarias, pero inspirado por una conciencia hon- rada y basado en datos históricos exactos, incontrover- tibles. Como prueba de imparcialidad, se encontrará en este libro la genealogía genovesa de Colón, trabajo completo y eruditísimo del académico de la Historia D. Ángel Altolaguirre y Duvale; genealogía preparada durante varios siglos sin intervención de España, y que, verdadera o falsa, nada tiene que ver con la ge- nealogía del linaje verdadero de los de Colón, como lo demostraré. Pero como la Real Academia de la Historia persiste, al parecer, en el prejuicio de que no es posible destruir la genealogía genovesa, y, por lo tanto, desiste de enviar a esta capital la Comisión ofrecida a la Co- misión Pro-Patria Colón, para informar en asunto de tal importancia para España, he ahí el por qué me de- cido a escribir este libro, en el que haré una relación exacta de lo ocurrido entre la Academia y la Comisión Pontevedresa, y pueda así juzgar la opinión con absolu- to conocimiento de causa.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Este libro es, pues, una apelación ante el público, y confío en que se dedicarán el buen sentido y la discre- ción, movidos por el amor a la verdad, a subsanar aquel error histórico.
Tal vez no me sea dado alcanzas la terminación de este pleito, pues ya he entrado en el decimoquinto lus- tro de la vida; pero si mis ojos se cierran antes, llevaré la esperanza de que vosotros formaréis una falange de convencidos, que impondréis vuestro criterio, haciendo que la Historia y la verdad vuelvan por sus fueros, al sostener que la patria de Colón no es Italia, sino Es- paña.
- Prudencio Otero Sánchez.
GÉNESIS DE LA OBRA DE CELSO GARCÍA DE LA RIEGA "COLON, ESPAÑOL*'
Hace más de treinta años, reuníanse en el escritorio de D. Casto Sampedro, fundador y presidente de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, y más tarde cro- nista de su provincia, varias personas amantes de las glorias patrias y de nuestra región gallega, entre ellas los señores D. Alejandro Cerda, ingeniero jefe de Obras Públicas de esta provincia; D. Celso García de la Riega, historiador, publicista, ex diputado a Cor- tes, ex gobernador, etc., el malogrado y cultísimo joven D. Carmelo Castiñeira, abogado y peritísimo en asuntos de arqueología; D. José Casal y Lois, D. Luis Goros- tola, y otros que fueron los primeros socios de la Ar- queológica Pontevedresa, y que, alentados por su fun- dador, pe^eguían con interés todo objeto antiguo del cual poseían noticias para que su museo fuese digno de figurar entre los primeros del mundo.
En busca y captura de objetos y documentos que tu- vieran interés con el logro dé sus propósitos, el señor Sainpedro y el Sr. Castiñeira encontraron en el archi- vo del Ayuntamiento de Pontevedra unas fojas en per-
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gamino, en una de las cuales constaba debérsele a D." de Colón y B.° Fonterosa varias sumas de maravedises por alquiler de unas muías para llevar pescado al ar- zobispo de Santiago.
El hallazgo fué la comidilla de las personas de ma-i yor o menor cultura de esta población, y el primer rayo de luz que alumbró la idea de que el descubridor del Nuevo Mundo fuese pontevedrés la dio D. Casto Sam- pedro, diciendo a sus amigos y contertulios, entre los que se hallaba García de la Riega, que puesto que apa- recían varios Colones, se hacía preciso seguir su hue- lla, porque el estar unidos los dos apellidos de Colón y Fonterosa en un mismo documento eran indicios im- portantísimos.
Esta fué la base de la conferencia de García de la Rie- ga ante la Sociedad Geográfica de Madrid y el punto de partida, más tarde, para escribir su obra Colón, español. Hombre activo y de imaginación, se consagró sin des- canso a revisar el archivo de las Cofradías, que existía en casa de los notarios Vázquez, que poseía el hijo po- htico del último notario, D. Joaquín Núñez, y con el hallazgo de otros documentos, que agregó al primera- mente encontrado en el Ayuntamiento, dio en Madrid la citada conferencia.
Después continuó buscando nuevos elementos para escribir su libro Colón, español, hasta que la fatalidad quiso que se produjese el incendio en la casa matriz de los notarios Vázquez, quemándose los papeles que en ella se hallaban.
En una de las visitas que hice a mi amigo La Riega 12 ^
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
antes de irme a América, allá por el año 1907, tuve en mis manos todos los documentos que él compulsara, y declaro que no vi en ninguno de ellos la más mínima alteración; pero sí recuerdo que en algunos podía leer con dificultad, pues la acción del tiempo pusiera la tin- ta amarilla 3^ desvaida, valiéndome de una lente, el ape- llido Colón, y en otro, al terminar la segunda o tercera línea, el apellido Fonterosa.
Por aquel entonces estaba casi ciego García de la Riega, y apenas salía a la calle, pues entre la ceguera y un fuerte ataque de gota, se hallaba imposibilitado para caminar.
Al regreso de otro viaje mío a Buenos Aires, en 191 3, hallé publicada la obra de la Riega y a éste próximo a morir; y la repercusión de lo escrito por La Riega fué tal en España y en el extranjero, que alguna de las na- ciones americanas varió sus libros de enseñanzas, sal- vando el error histórico que el Almirante, por su pro- pia conveniencia, quiso producir al estampar en su Ins- titución Mayorazga lo de que de "Genova salí y en ella nací".
Y esto fué causa de que, puestos de acuerdo el pre- sidente de la Diputación y el alcalde del Ayuntamiento de Pontevedra — ya fallecido La Riega — , invitasen a una asamblea magna, formada por personas de la ca- pital, para buscar forma y modo de que la Real Acade- mia de la Historia emitiese su opinión sobre la tesis sustentada por García de la Riega.
En ella se nombró una Comisión, compuesta por los Sres. D. Rafael López de Haro, notable escritor, abo-
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PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
gado y notario ; D. Renato y D. Torcuato Ulloa Vare- la, escritores; D. Luis Lueso y D. Ángel Miguez, pe- riodistas, para que se viesen con ei hijo de La Riega y examinasen los documentos que su padre había fo- tografiado en el libro Colón, español, pues se decía pú- blicamente que esos documentos habían sido alterados, y así lo manjifestaba en una Revista de Arqueología, Bibliotecas y Museos persona tan autorizada en la ma- teria como el Sr. Serrano Sanz.
Hecha, pues, la inspección de esos documentos por la Comisión nombrada, halló que, efectivamente, la ma- yoría de ellos tenían señales de haber sido alterados, y dio cuenta de su misión al Ayuntamiento, terminando así su cometido.
Tal es, a grandes rasgos la génesis de la obra Colón, español, publicada por Celso García de la Riega.
II
GÉNESIS DEL PRESENTE LIBRO
Permanecía olvidada la obra de García de la Riega, cuando el doctor Calzada, que se hallaba en Asunción del Paraguay, vióse solicitado por una Comisión de da- mas, para dar una conferencia, con un objeto benéfico, en el teatro Principal de la capital de aquella Repú- blica en el año 191 5.
Eligió el conferenciante por tema Colón, español, y fué tan enorme el entusiasmo que despertó entre las personas cultas de aquel país, que después de aplaudir el fondo y forma de la disertación, se acercaron a él miembros del Gobierno paraguayo, para felicitarle y manifestarle que en los libros de enseñanza se rectifi- caría el error histórico respecto de la cuna de Colón.
Formó entonces el propósito de ampliar la obra de La Riega con nuevos datos, y con este objeto me es- cribió, pidiéndome algunos que necesitaba y excitándo- me para que en España se hiciese propaganda en la Prensa, con el fin de que la Real Academia de la His- toria se ocupase de un asunto de tanta importancia.
Como estuviera ausente de Pontevedra cuando la asamblea magna, acudí a la única persona que juzgué
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
más documejptada em este asunto, D. Casto Sampe- dro, quien me hizo relación de cuanto sucediera con la obra de La Riega, entregándome el trabajo del se- ñor Serrano Sanz, en el que se tachaba de falsos los do- cumentos que fotografiara La Riega, con el objeto de que, a mi vez, se lo enviase al doctor Calzada y tuviera así conocimiento de este hecho.
Cumplí fielmente d encargo del Sr. Sampedro, es- cribiendo y remitiendo a mi amigo Calzada el trabajo del Sr. Serrano Sanz; pero como yo tenía el conven- cimiento de haber visto parte de aquellos documentos sin mácula de ningún género en los apellidos Colón, y además una idea clara y perfecta de la inteligencia de mi amigo La Riega, declaro que no quedé convencido ni me convencerá nadie de que los documentos estuvie- sen adulterados por él.
Planteado el problema, que era goloso de suyo, quise estudiarlo a fondo, y acudí a mi amigo Sampedro, quien me manifestó con toda hidalguía que, aunque los do- cumentos fotografiados por La Riega estuviesen adul- terados, él poseía otros y conocía más, que probaban la existencia, en Pontevedra, del apellido Colón ; pero que no los juzgaba bastantes para variar la genealogía co- lombiana de Genova. Puso, sin embargo, a mi disposi- ción esos documentos y su copiosa bibliografía referen- te a Cristóbal Colón.
Después de concienzudo estudio, es absoluta mi con- vicción de que el Almirante no fué genovés, y así lo manifesté a Sampedro y Calzada. Este, conforme con mis apreciaciones, y después de una extensísima co-
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
rrespondencia, me indicó la conveniencia de que diera ocasión a la Prensa para que se ocupara de ello; soli- cité la cooperación de mi amigo Sampedro, pero no pude obtenerla.
Conociendo a quienes habían formado la Comisión para examinar los documentos de La Riega, conferen- cié con ellos, y después de manifestarles que era con- veniente el que se continuaran los trabajos de la obra Colón, español, accedieron a mis deseos con deferencia que agradezco sinceramente.
Convenido el día de la reunión, llevé a ella mi pri- mera exposición, fecba 6 de febrero de 1917, con cuyo contenido se hallaron conformes, acordando su publi- cación en diarios de Galicia y algunas revistas ilustra- das, en la forma siguiente :
COLÓN^ ESPAÑOL
Nota oficiosa.
La Comisión designada para continuar las indagacio- nes en averiguación de la patria del descubridor de América, se ha vuelto a reunir, convocada por su pre- sidente y a instancias de D. Prudencio Otero Sánchez.
Esta Comisión, a virtud de cierta impugnación de que fueran objeto los documentos reunidos por D. Cel- so García de la Riega, creyó oportuno someter al Ayun- tamiento de Pontevedra el nuevo estado de la cuestión para que se recabase dictámenes técnicos que resolvie- sen la controversia, .considerándose tal Comisión como virtualmente disuelta.
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Las incesantes, pacientísimas gestiones de D. Pruden- cio Otero, eficazmente facilitadas por la benevolencia de D. Casto Sampedro, han producido felizmente el hallazgo de nuevos documentos de autenticidad indu- bitada y que pueden tener una importancia decisiva.
En vista de ello, la Comisión se considera reconsti- tuida, después de cubrir la vacante que dejó en ella el Sr. Rodríguez Lueso con la cooperación del distinguido escritor gallego Sr. Fernández Gastañaduy, y se ha pro- cedido a examinar los. nuevos documentos aportados por el Sr. Otero y la exposición redactada por este señor.
Y creyendo que la cuestión se plantea de nuevo y en términos distintos y que la demostración de haber sido Colón gallego tiene hoy muy grandes probabilidades de imponerse, esta Comisión acuerda :
i.° Publicar con esta nota oficiosa la exposición o moción presentada por D. Prudencio Otero.
2.° Pedir a la Excma. Diputación provincial que gestione y consiga que por la Academia de la Historia sea estudiado e informado tan importante asunto; y
3.° Hacer cuantas gestiones conduzcan a este fin hasta lograr que sea rectificado un aserto histórico que va teniendo todas las apariencias de un error, restitu- yéndose con ello a España y a Galicia la mayor de sus glorias.
MOCIÓN
''Señor presidente y demás señores que componen la Comisión ejecutiva elegida por la Asamblea magna pre-
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íiSPAÑA, PATRIA DE COLON
sidida por los señores presidente de la Diputación pro- vincial y alcalde de la capital con objeto de continuar las indagaciones de la verdadera patria del inmortal Cristóbal Colón, en consonancia con las ideas y demos- traciones vertidas por el inolvidable pontevadrés Celso García de la Riega en su obra titulada Colófi, español
Ante todo quiero agradeceros la buena acogida que habéis dado a la carta que con fecha 14 de diciembre del año que acaba de fenecer tuve el gusto de dirigir a vuestro presidente, Sr. López de Haro, como me lo demostráis con el hecho de veros reunidos en este mo- mento, que era el fin que me proponía conseguir con mi citada carta.
II
Al aceptar con entusiasmo el puesto que ocupáis, se- guramente pensabais os sería fácil llevar a término los trabajos que se propusieron en aquella magna Asamblea, de hijos, unos, y de vecinos, otros, de ^sta provincia, cuales son destruir los errores que contiene la Historia respecto a la verdadera patria de Colón hasta obtener, como aseguraba García de la Riega en su citada obra! que aquel grande hombre había'tenido por cuna Ponte- vedra. ;
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rRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
III
Cuando ^dabais los primeros pasos en vuestros traba- jos, apareció un articulo, suscrito por el catedrático doctor Serrano Sanz, en la Revista de Archivos, Biblio- tecas y Museos de marzo a abril de 1914, en el cual pretendió demostrar aquel señor que de los once docu- mentos que presentaba García de la Riega como de- mostración de que el apellido del linaje verdadero de Colón era oriundo de Pontevedra ocho de ellos habían sido alterados.
Nada me extraña que vuestro entusiasmo decayese ante semejante aseveración, hecha por persona autori- zada, mucho más cuando al cotejar los documentos fo- tografiados con los originales, visteis que en algunos de aquellos documentos el finado García de la Riega había cometido (permítaseme la frase) una verdadera inocen- tada avivando las palabras ''Colón", no alterándolas, para que apareciesen más claras.
Yo, y como yo algunos otros ami¿os del finado Cel- so de la Riega, entre ellos el abogado de este Colegio D. Luis Gorostola y D. Joaquín Núñez (que fué el que le facilitó algunos de los referidos documentos), tenía- mos la seguridad de haberlos visto en perfecto estado, sin avivación alguna (avivación que confiesa el mismo García de la Riega) ; pero como no podíamos inculcar a los demás la misma seguridad de que esos documen- tos aun avivados decían lo mismo en su primitivo es-
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
tado, íni aun haciéndolo «n una declaración notarial, desistí de ello y me impuse el ímprobo trabajo de bus- car nuevos datos que pudieran acreditar lo mismo que se propuso en su obra García de la Riega.
IV
Paralizados, pues, los trabajos de esta Comisión con motivo del citado artículo del Sr. Serrano Sanz, no por eso dejaron algunos compatriotas nuestros que se ha- llan en Ultramar, entusiastas de la teoría proclamada por García de la Riega, de publicar en la Prensa artícu- los haciendo opinión y demostrando con deducciones lógicas que el inmortal Colón se había llevado a la tum- ba el secreto de su nacimiento, y que algún motivo había tenido para no decir que su cuna era España.
Entre estos entusiastas compatriotas se halla en pri- mer lugar mi querido amigo el doctor Rafael Calzada, notable jurisconsulto y publicista, residente en la Re- pública Argentina, quien después de haber dado, con un objeto benéfico, una conferencia en el teatro Nacio- nal, de la República del Paraguay, cuyo tema fué Co- lón, español, me escribió con fecha 14 de noviembre de 191 5 pidiéndome datos que necesitaba para publicar un libro, sosteniendo la misma tesis de García de la Riega y ampliándola con nuevos datos que poseía, para que todos los pueblos tengan que reconocer que Cristó- bal Colón era, cuando menos, español. . 21
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Esta carta llegó a mí poder en momentos en que yo era instado por D. Ramón Peinador (que es una de las per- sonas más entusiastas de la misma idea) para que yo, como diputado provincial e individuo de la Comisión permanente, obtuviese que ésta se dirigiera a la Academia de la Historia con el fin de que enviara una Comisión de la misma que, con uno o dos paleógrafos, estudiase los documentos fotografiados por García de la Riega e informase si efectivamente ellos, aun avivados, dicen o no lo mismo que decían.
He aquí expuestas a grandes rasgos las razones que me han impulsado a ocuparme de este asunto, habién- dome servido de acicate para ello, no sólo el deseo de complacer a mis amigos Calzada y Peinador, sino el de coadyuvar en mi modesta esfera a que la obra de García de la Riega no quede en el olvido.
Pero para poder resucitarla era necesario encontrar nuevos elementos que, aun en el caso de que no dieran por válidos algunos de los documentos presentados por García de la Riega, sirvieran para acreditar de una ma- nera indubitable que el apellido del linaje verdadero de "Colón" existía en Pontevedra mucho antes del descu- brimiento de América.
¿Ya quién dirigirme que estuviera en condiciones para darme esos elementos?
A la única persona que por sus aficiones paleográficas 22
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
es también el único que ha revisado todos los archivos de documentos antiguos que existen en esta capital. Esa persona ya sabéis que es el presidente y fundador de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, D. Casto Sampedro.
Gracias a él, hoy puedo presentaros la fotografía de seis nuevos documentos auténticos y fuera de toda con- troversia, que acreditan sin género de duda que el ape- llido del linaje verdadero de Colón existía ya en Pon- tevedra seguramente muchos años antes de 1405.
VI
Con estos elementos confío en que acometeréis con valentía la continuación de nuestros trabajos hasta ob- tener el fin que se había propuesto García de la Riega, cual era el de que la Academia de la Historia rectificara el error que todos los historiadores han cometido hasta nuestros días de dar como cuna de Colón la ciudad de Genova ; error muy fácil de explicar porque todos ellos parten de la aseveración que aquel grande hombre hizo en su institución Mayorazga al estampar en ella ''De Genova salí y en Genova nací".
VII
Como debéis suponer, yo quise, antes de daros a co- nocer los nuevos documentos hallados, relacionados con un asunto para mí completamente ajeno y fuera de la
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
órbita de los que me han ocupado en mi larga vida de trabajo, llevar a mi ánimo y a mi conciencia la convic- ción de que no era una quimera la tesis tenida por Gar- cía de la ^iega de que Colón era español, y para ello he buscado creo que cuanto la Historia ha escrito re- ferente a su verdadera patria, y después de examinarlo todo con ánimo sereno, libre de todo prejuicio y sin apasionamiento alguno, puedo aseguraros que he adqui- rido la firme convicción de que todos los historiadores, desde su hijo Fernando, el padre Las Casas, Navarrete, Harrisse, Irving, Humbolt hasta Asensio, han partido de aquella aseveración falsa; y, por lo tanto, siendo falsa la premisa, falsas resultan todas las consecuencias.
VIII
Seria en mí una verdadera petulancia pretender refu- tar todo lo que han escrito esos señores historiadores ; pero como todos vosotros los habéis leído y habréis formado vuestro juicio, me concretaré, por no hacer interminable esta exposición, a manifestaros, en sínte- sis, las observaciones que- me ha sugerido la lectura de varios volúmenes que he tenido a la vista referentes a Colón.
IX
Encuentro perfectamente atinente todo cuanto dice en su obra García de la Riega desde él capítulo I hasta el XII inclusive.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
Lo que queda en pie, lo único que a mi pobre juicio hay que averiguar es, en síntesis, lo siguiente :
Cristóbal Colón, ¿era Colón o Colombo? Si era Co- lombo, es italiano ; si era Colón, es español.*
Para formar juicio sencillo, sin entrar en la balumba de todo cuanto se ba escrito al respecto, haciendo gala de erudición, no hay más que dos documentos feha- cientes que puedan servirnos para llevarnos a la ver- dad. Esos documentos son el contrato firmado por los Reyes de España y Cristóbal Colón en Santa Fe y su institución Mayorazga de 1498.
¿Qué nos dicen esos documentos?
El primero lo firmó como Cristóbal Colón, porque seguramente pensó que si aparecía como Colombo po- dían algún día darlo por nulo.
En el segundo, aunque hizo la aseveración "De Ge- nova salí y en Genova nací", tuvo buen cuidado de es- tampar que, si llegase a extinguirse la institución por falta de varón, que se buscase en cualquier cabo del mundo aquel que lleve y hayan llevado sus antepasados "el apellido de su linaje verdadero de Colón".
Todo lo demás de Colombo de Terrarubra, Colombo de Tarrarrosa, Colombus, Colomas, etc., no quiere de- cir otra cosa sino que variaba de apellido según le convenía.
Como no se encuentre nada serio más que lo que dejo dicho para determinar si era Colombo o Golón, puede afirmarse que su verdadero apellido era Colón, y, por lo tanto, español.
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PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
X
Para demostraros que no era hijo de Doménico Co- lombo y Susana Fontanarosa, basta, a mi juicio, pre- guntar a los mismos historiadores de Colón y a todos los hombres de buena voluntad. Si vosotros hubierais des- cubierto un Nuevo Mundo, que es el hecho más grande que registra la Historia después de la venida a él del mártir del Gólgota, ¿a quién lo hubierais comunicado con más premura, no teniendo esposa ausente, sino a vuestro padre? Pues Doménico Colombo murió en 1498, seis años después de haber descubierto su hijo Cris- tóbal las Indias occidentales, sin que haya noticia algu- na de que lo supiera, m nadie en Genova se movie- se individual ni coFectivamente para felicitarlo. Si el pobre Doméstico Colombo, lanero, cardador de lana o fabricante, hubiera podido imaginar siquiera que, an- dando el tiempo, le habían de dar por hijo al inmortal Colón, hubiera salido por las calles de Genova gri- tando: ''Ese es mi hijo."
Otra pregunta les haría: ¿Es posible que haya un hombre que no haya jamás escrito tma sola palabra en su idioma ? Pues de Colón no se sabe que la haya escrito : todo cuanto de él se conserva, todo está escrito en espa- ñol, y cuando le ha faltado una palabra castellana la puso en gallego o en portugués, que, como sabéis, en aquella época era lo mismo, con la agravante de que cuando se
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
dirigió al gobernador de Genova lo hizo en latín y cuando se dirigió a Toscanelli no le dio el tratamiento de compatriota.
En conclusión: no hay un solo dato que acredite que es genovés sino su dicho "De Genova salí y en Genova nací", que no hay posibilidad de aceptarlo procediendo de buena fe, y, en consecuencia, es español, y siendo español, ¿de dónde es?
XI
Los datos que presenta La Riega y los que os presento yo demuestran, sin duda alguna, que el apelHdo del lina- je verdadero de Colón es oriundo de Pontevedra, pues no es posible que, siendo genovés, no se le ocurriese, después de cumplir con los Reyes de España y su Prín- cipe, poniendo la Isabela, la Fernandina y la Juana a las tierras que iba descubriendo, poner la Genovesa en lugar de la Española, o el nombre de cualquiera de los diez y siete pueblos que se disputan su cuna, y, en cam- bio, ¿qué hizo?
Poner a infinidad de islas los nombres todos de para- jes y Cofradías de Pontevedra, y si bien es cierto que el Salvador y Santa María Porto Santo los hay en varios sitios, no se encuentran reunidos en un solo punto, y como si le pareciese poco a Colón para determinar de fuña manera clara y terminante su procedencia, dio a tierras por él descubiertas el nombre de Galea y Punta
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Lanzada, dos puntos que creo existen sólo en la ría de Pontevedra y que todos conocéis.
Este dato es muy significativo, y me ha extrañado mucho no lo haya citado García de la Riega.
XII.
Terminaré, pues, rogándoos no desmayéis en la mi- sión que os ha sido confiada, y si después de aquilatarlo todo llegáis a adquirir honradamente la misma con- vicción que yo tengo de que la verdadera patria de Colón es España, os dirijáis a los organismos provin- ciales y municipales, para que a la vez que votan los fondos necesarios, inviten a la Academia de la Historia para que envíe una Comisión de su seno que con paleó- grafo venga a cerciorarse de la legitimidad de los do- cumentos que se le presenten, y no dudo que, después <ie verlos, informarán a la Academia para que ésta haga rectificar el error que hasta hoy contiene la His- toria.
Con ello, si bien es cierto que España habrá reivin- dicado para sí la gloria de haber sido la cuna del in- mortal Colón, también lo es que la reivindicaréis para nuestro Celso García de la Riega por la gallardía que tuvo en ser el prim.ero que lo proclamó. A vosotros os bastará eon que os lo agradezca este bello rincón de Galicia que se llama Pontevedra, y yo me quedaré con
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el consuelo de haber servido en el ocaso de la vida de fuerza motriz para que esa Comisión pueda impulsar a todos los elementos que son necesarios hasta alcanzar la realización de nuestros propósitos.
(Firmado.) Prudencio Otero Sánchez. Pontevedra, febrero 8 de 19 17.»
III
NUEVAS INVESTIGACIOxNES
Publicada la anterior exposición, que produjo el he- cho que se buscaba, y alentado por las felicitaciones que recibía de españoles residentes en la Península y en América, no descansé buscando siempre nuevos elemen- tos de juicio que apoyasen la tesis Colón, español, y cuando, convencido de que pisaba terreno firme, se reunió, a petición mía, la Comisión Pro-Patria Co- lón el 24 de mayo del mismo año, bajo la presidencia del Sr. López de Haro, presenté ante la misma una se- gunda exposición, que fué aprobada y mandada publi- car, acordándose a la vez, vista la penuria económica por que atravesaba nuestra Corporación municipal, pre- sentarse a la Comisión permanente de la Diputación provincial para que autorizase al presidente de la mis- ma (que tenía el doble carácter de presidente de la Asamblea magna) a sufragar los gastos de la Comisión de la Real Academia de la Historia, a la que se había de invitar para venir a esta capital a fin de informar sobre el punto concreto de la cuna de Colón.
He aquí, pues, mi segunda exposición: 31
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
"Señor Presidente y demás miembros de la Comisión Pro-Patria ''Colón, español".
Hace poco más de dos meses que acordasteis pu- blicar el modesto trabajo que os presenté con las fo- tografías de los nuevos documentos facilitados por el " notable arqueólogo y paíeógrafo D. Casto Sampedro, y que idemuestran que el linaje verdadero de Colón es oriundo de Pontevedra.
Esa publicación dio por resultado el que se for- mara un gran estado de opinión, por haberse reprodu- cido, no sólo en los diarios y revistas de nuestra región, sino en las de la corte y de casi todas las regiones de España, y como prueba irrefutable de este aserto es el haberse presentado en una de las últimas sesiones de la Academia de la Historia por el secretario de la misma, Sr. Pérez de Guzmán, la revista Mondariz, en donde se halla inserta mi exposición, como lo habéis leído en el diario El Debate, fecha 17 de abril i^ró- ximo pasado, y en el número de La Acción, del 18, y me consta que ha sido aceptado en principio este asun- to por aquella docta Corporación, esperando solamente la invitación oficial de Pontevedra para enviar una Co- misión de su seno, a fin de ocuparse del esclarecimiento del mismo. , ,
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
II
Deseando por mi parte acumular el mayor número de datos que puedan servir para el esclarecimiento de la tesis sostenida por García de la Riega, vengo a presen- taros hoy:
I."* Una fotografía del crucero que existe ««n Porto Santo, frente a la casa' que en aquel lugar se dice que fué de Colón, con la inscripción que tiene en su base.
2." Un plano de la ría de Pontevedra, y que grá- ficamente constituye una verdadera partida de naci- miento de Cristóbal Colón, hecha por él mismo ; y
y Un análisis de su institución Mayorazga^ único documento en que se fundan todos los historiadores para aseverar que es Genova su cuna.
III
Como todos sabéis, hace muchos años que hay en Porto Santo una casa en ruinas, que la tradición dice que fué del descubridor del Nuevo Mundo.
Queriendo cerciorarme de si efectivamente aquella tradición tenía algún viso de verdad, averigüé quién era el propietario, con el objeto de reconocer los títulos de propiedad para ver si, por medio de esta investigación, retrotrayendo de comprador a vendedor, era posible lie- gar al origen.
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Este trabajo, de verdadera paciencia, no me dio re- sultado, porque no ignoráis que la mayor parte de las adquisiciones en nuestro país se hacen verbalmente y otras por herencia, sin que conste de quién proceden ni estén inscriptas en el Registro de la Propiedad.
Abandoné ese trabajo, y sentándome en el muro que hay frente a la casa, y que tiene en medio un crucero perteneciente a la misma, ya .cerca del crepúsculo vino providencialmente a mis ojos algo que se diseñaba como una inscripción entre el musgo y el liquen que contenía la base del referido crucero.
Levánteme, y con la contera de mi bastón empecé csn todo cuidado a limpiarlo, y con emoción fui leyendo ''Juan Col", pero no encontraba la terminación "on", .aunque ya no me cabía duda de que ese crucero perte- necía a Juan Colón.
Como se avecinaba la noche, retíreme para continuar el esclarecimiento completo de la inscripción en la tarde siguiente. Ya en este día tuve que ver a mi amigo Luis Gorostola, miembro de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, y al comunicarle mi feliz descubrimiento, quiso adelantarse a mi propósito y se fué a Porto Santo al mediodía, y entusiasmado con el hallazgo, me envió a las dos de la tarde el facsímil que os presento, y que, sin duda ninguna, dice: ''Juan Colón. — Recuerdo. — Año 1490."
Creo innecesario el haceros ver la importancia colosal que para nuestra tesis tiene -este hallazgo, que, unido al de la capilla que existe en la iglesia de Santa María, de esta ciudad, bastarían por sí solos para acreditar la
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ESPAÑA, PATRIA DE C O E O N
existencia de los '"Colón" en nuestro país antes del des- cubrimiento de América.
IV
Os presento un plano de la ría de Pontevedra, calca- do sobre la carta geográfica de Fontán, que es la más antigua de Galicia que he tenido a la vista, para demos- trar de una manera gráfica que la verdadera partida de nacimiento del gran almirante, la dejó becha él inismp con los nombres que puso a diferentes islas y lugares que iba descubriendo.
Así, por ejemplo, la primera tierra en que puso el pie al descubrir las Indias Occidentales, dice él, en su relación de viaje: ''En recuerdo del Salvador del mun- do, le puse por nombre San Salvador,"
¡ Qué coincidencia : el mismo nombre de la parroquia en que segurame'nte hizo su primera comunión!
Porque permitidme una ligera digresión: ¿Cómo es que se le ocurrió ponerle San Salvador y no El Salva- dor? Yo he registrado todo el calendario romano se- ráfico, por ver si encontraba algún San Salvador, y no lo hallé.
Yo siempre he creído y sigo creyendo, que "San Sal- vador" es un modismo pura y netamente gallego; así, por ejemplo, tenemos San Salvador de Poyo, San Sal- vador de Lerez, San Salvador de Meis, San Salvador de Sayar: pero fuera de Galicia no conozco ningún
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
San Salvador más que en América, en recuerdo de ser el nombre de la primera tierra que descubrió Colón.
Tal vez lo haya en Genova, pero por más pesquisas que hice, aun no tengo noticia de que alli exista.
Después de cumplimentar al almirante, a los Reyes Católicos y al príncipe Juan, poniendo a otras islas los nombres de ''La Fernandina", ''La Isabela" y "La Jua- na", quiso también darle el nombre de "La Española" y "La Gallega" a otras islas. ¿Y por qué no "La Ge- novesa", "La Romana", "La Veneciana" o la de cual- quiera de los diez y siete pueblos que se disputan su cuna en la República de Genova?
Y, sin embargo, hizo todo lo contrario ; fué poniendo nombres de algunas de las cofradías de Pontevedra, y cuando encontró una ensenada parecida a la de "Porto Santo", lugar de su nacimiento, le puso ese nombre, y para que se pueda formar una idea de la configuración parecida de ambas ensenadas ahí tenéis a la vista las dos fotografías, de la de aquí, y de la de Baracoa, en Cuba. De este modo quiso determinar de una manera grá- fica el principio de la ría de Pontevedra, en donde se embarcó por primera vez e hizo su aprendizaje de ma- rinero.
Y cuando encontró un cabo parecido al de la Galera, en la isla"Onceta", término sur de la ría de Ponte- vedra, le puso por nombre "Cabo de la Galea" (que así se decía antiguamente en gallego), y cuando encontró una punta parecida a la "Punta Lanzada", término de nuestra ría, le puso el mismo nombre ; y es muy signifi- cativo el que por única vez, al poner un nombre, le haya
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distinguido con el viento "Ñor", Nordeste, como veréis por la Rosa Náutica.
¿ Y es posible que sean éstas meras coincidencias ? No, no puede ser, porque no existen en ninguna ría del mun- do todos esos nombres reunidos. Con toda seguridad quiso dejar un recuerdo de todos aquellos lugares que le eran familiares, y en donde hizo su aprendizaje de marino. Hombre que miraba al porvenir, queriendo dejar una demostración clara y gráfica de su cuna, ño habiendo en aquella época partidas de bautismo, puesto que éstas fueron ordenadas muy posteriormente, como sabéis, en el Concilio de Trento, quiso poner los nom- bres del principio y fin de nuestra ría para que sirvieran de clave en su día para averiguar la verdad de lo que tenía que ocultar, dados los prejuicios de la época en que vivía.
La institUGÍón Mayorazga es la obra más meditada, pensada, tal vez consultada, de Cristóbal Colón. Puede decirse, sin temor de equivocarse, que es su obra maestra.
Si cupiera en los límites de esta exposición hacer un estudio psicológico del carácter gallego, seguramente no se encontraría un modelo más acabado y perfecto que el de aquel grande hombre.
Ese documento, único de donde arrancan los histo- riadores la premisa de que había nacido en Genova,
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
puesto que asi lo manifiesta aquél, es de donde deduzco yo, y creo que cualquiera que lo analice sin pasión debe sacar la consecuencia de los esfuerzos que tuvo que hacer para dejar en la obscuridad "su origen y patria", como dice su hijo Fernando, el mejor y más veraz his- toriador de su padre.
Hay que fijarse que ese documento fué redactado cuando comprendió que la rancia aristocracia de la Cor- te de los Reyes Católicos le era hostil ; cuando se con- venció de que trataban de cuestionarle las bases de su contrato con los Reyes Católicos; cuando concibió la duda de que, muerto él, no reconocieran a sus herederos los titulos, fueros y preeminencias que le habían sido concedidos, y cuando, en fin, debió tener una providen- tial visión de que serían traídos a España él y sus her- manos cargados de grillos y cadenas como feroces cri- minales.
Hombre previsor, quiso asegurar para los seres que le eran queridos lo que tantos trabajos y tantos desvelos y disgustos le había ocasionado.
¿Y cómo buscar la fórmula para conseguir esto, en una época en que ni los Reyes Católicos tenían residen- cia fija, por las continuas luchas en que se hallaba em- peñada España?
¡ Ah ! Acogiéndose a una potencia que en aquella épo- ca era tan fuerte como es en la actualidad Inglaterra. Esa y no otra fué la razón más poderosa que tuvo el inmortal Colón para declararse genovés (puesto que no le conveaía declararse español, y gallego, ya por su ascendencia judaica y ya porque Galicia estaba en entre-
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dicho con los Reyes Católicos por las cuestiones de Juana, la Beltraneja). Y lo hizo asi con el único y exclu- sivo objeto de que, como ciudadano genovés, pudiera esta floreciente y poderosa República defender los de- rechos de sus herederos.
VI
Hora es ya de que me ocupe de analizar el ya citado notable documento.
Empieza en nombre de la Santísima Trinidad ocu- pándose en determinar lo que le pertenece y corres- ponde en derecho según las estipulaciones hechas con los Reyes, en Santa ,Fe, y es de admirar que en un documento de este género no haya empezado diciendo quiénes eran sus ascendientes, ni dónde residían, pues- to que Doménico Colombo, que dan los historiadores por padre del almirante, vivía en febrero de 1498, fe- cha de la Institución.
En la cláusula primera determina quiénes hayan de sucederle, empezando por su hijo D. Diego, y termina: "Y si a nuestro señor pluguiese que después de haber pasado algún tiempo este mayorazgo en uno de los dichos sucesores, viniese a prescribir herederos hom- bres legítimos, haya el dicho mayorazgo, y le suceda y herede el pariente más llegado a la persona que here-. dado lo tenía, en cuyo poder prescribió, siendo hombre legitimo que se llame y se haya siempre llamado de su padre o antecesores, llamados de los de Colón. El cual
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mayorazgo en ninguna manera lo herede mujer ningu- na, salvo si aquí o en otro cabo del mundo no se hallase hombre de mi linaje verdadero que se hubiese llamado y llamase él y sus antecesores de Colón."
Supongamos, pues, que ha llegado el caso previsto por Colón en la cláusula precedente, y, por lo tanto, hay que llamar, citar y emplazar a todos aquellos que se consideren con derecho a la sucesión de Colón, y demos también por supuesto que se presentan todos los Colombos que existen en los diez y siete pueblos de Ge- nova que se disputaban su cuna y que se presentan los de Colón de aquí.
¿A quién le corresponde la sucesión, a los Colombos o a los del linaje verdadero de los de Colón?
Juzgo incuestiontble que a los de Colón.
Si su hijo Fernando, que como sabéis fué un hombre de gran inteligencia, de una cultura extraordinaria, dig- nidad de la Iglesia, viajero infatigable y que recorrió toda la Italia en busca de los ascendientes de su padre, sin encontrar uno solo por ninguna de las líneas pater- na ni materna, sin embargo de ser tan común el ape- llido Colombo en Genova, como en España un Fernán- dez; si en lugar de dirigirse a Itaha lo hubiera hecho a este rincón de Galicia, seguro estoy de que hubiese encontrado sus ascendientes buscándolos entre los que tuviesen el apellido de su linaje verdadero de Colón.
Continúa la institución Mayorazga haciendo la dis- tribución de las rentas de la misma, y al final termina : **en tal manera, que todavía el diezmo de toda esta renta se dé y hayan las personas de mi linaje más ne-
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cesitadas que estuviesen aquí o en cualquier otra parte del mundo a donde los envíen a buscar con diligencia''.
¿Y por qué no decir en Genova en vez de cualquier parte del mundof
Continuemos: "ítem mando al dicho D. Diego, mi hijo, o a la persona que heredase el dicho mayorazgo, que tenga y sostenga siempre en la ciudad de Genova una persona de nuestro linaje que tenga allí casa y mujer e le ordene renta con que. pueda vivir honesta- mente, como persona llegada a nuestro linaje, y haga pie y raíz en la dicha ciudad como 7iatural de ella, por- que podrá haber de la dicha ciudad ayuda a favor en las cosas del menester suyo.'*
Bien claro se ve la intención oculta del almirante, o sea que la República de Genova defendiese los inte- reses de sus herederos, haciéndose ciudadanos geno- veses.
La cláusula transcrita es una prueba clara y terminan- te de que Colón no era genovés. Comienza encargando a su hijo que tenga y sostenga siempre con casa puesta un individuo de su linaje, lo cual demuestra que no existía ninguno. De existir, dada la corrección con que está escrito todo el documento, es indudable que Co- lón le hubiese ordenado a su hijo que continuase sos- teniendo, o que cuidase de que no dejase nunca de vivir en Genova alguno de su linaje, o hubiera empleado alguna frase análoga que indicase su verdadero deseo de que no faltase nunca familia suya en la citada po- blación.
El encargo que hace, interpretado rectamente como se 41
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
debe, indica que lo que desea Colón es que después de su muerte aparezca en Genova gente de su linaje, a fin de que no se descubra la superchería de que no había nacido en Genova.
Como si esta primera parte de la cláusula no fuese bastante para sostener mi opinión, viene a corroborarla la segunda parte, en la cual manifiesta Colón que desea eso "para que hagan pie y raís como naturales de ella".
Hacer pie es una frase castellana que significa arrai- gar o coger alguna cosa, tomar ocasión o pretexto de ella. Al emplearla Colón, se ve claro que lo que quiere es que empiece a vivir en Genova, con casa o mujer, es decir, como vecino, algún individuo de su linaje, para que vaya arraigando el apellido, para que empiece a existir el apellido Colón en Genova, para cjue se vaya propagando poco a poco, hasta aparecer como naturales
de ella.
»
En las dos cláusulas siguientes encarga a su hijo Die- go que emplee todo el sobrante de sus diezmos y rentas en Logos, que tiene el oficio de San Jorge de Genova, porque es dinero muy seguro y renta el seis por ciento, y porque la ciudad de Genova es muy noble ^ muy po- derosa por la mar.
Es decir, que Colón quería que su dinero lo tuviese empleado en una institución bancaria, que en aquella época era tan poderosa como el Banco de Londres en la actualidad; como lo hacen la mayor parte de los Jefes de Estado, para evitar que los países que gobiernan se jqueden con él en cualquiera de las convulsiones polí- ticas p sociales por que atraviesan con frecuencia; y
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al jiiiismo tiempo advierte a España que si los Reyes Católicos quisieran después sacar a sus herederos los fueros y preeminencias a que tenían derecho que Ge- nova los defendería, porque era muy noble y poderosa por la mar.
VII
Acaecida la muerte de Colón, ¿por qué su hijo Diego no se ocupó en dar cumplimiento a los ^landatos de su padre ?
¡Ah! Porque demasiado sabría por las confidencias que verbalmente le había hecho que todos los amores con que trató a Genova en un documento público no eran más que la fórmula que con empeño tanto había buscado para defender sus intereses, en el caso de que la aristocracia española consiguiese de los Reyes Cató- licos que le mermasen sus derechos y los de sus des- cendientes.
Cuando su hijo Diego, casado con doña María de Toledo, descendiente de una de las ramas más nobles de España, se vio en posesión de todos los derechos, fueros y preeminencias que había tenido su padre, no se ocupó jamás de cumplimentar aquellos mandatos, es- tampados con tanta solemnidad en su institución Ma- yorazga, ni se ocupó para nada, ni él ni sus tíos Barto- lomé ^y Diego, de Genova ni de buscar allí sus des- cendientes.
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Sólo lo hizo su hijo Fernando, porque seguramente, como más joven, no estaba en el secreto,
Y con esto termino el examen analítico de la institu- ción Mayorazga de Cristóbal Colón, esperando que en- contraréis lógicas las deducciones que resultan de él.
VIII
Siento qwe mi amigo el doctor Rafael Calzada no pueda ser en este momento colaborador nuestro, pues en carta que me dirige, con fecha 31 de marzo próximo pasado, me dice:
''Veo líos elementos smninistrados por el sabio ar- queólogo y paleógrafo D. Casto Sampedro, verdadero héroe de esta jornada, y puede decirse de toda ella, puesto que está proporcionando materiales de inmenso valor para la vindicación histórica más grande de la edad presente con generosidad increíble, pues no d^ fe a la vindicación, y, sin embargo, yo tengo el presenti- miento de que acabará por creer en ella, porque lo con- sidero irremediable."
"Lo que hace falta es un libro serio, concienzudo, una especie de alegato documentado que lleve a la concien- cia de todos la verdad verdadera y no deje en el ánimo la menor duda. Eso quiero hacer yo, y eso pienso, si mis fuerzas y mi pobre cabeza alcanzaran a tanto. Yo espero que sí. ¿Cuánto tiempo necesito para ello? Este
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año y el que viene, que tardaré en arreglar mis asuntos." ''Con esto y con el memorial fundadísimo que has presentado, y con. cuanto me dices en tus cartas, pisamos en terreno firme."
''Ahora se impone un trabajo sereno, reposado, diá- fano, con gran conocimiento, no ya de Colón, sino de la historia de aquellos tiempos, que forme una partida de nacimiento de aquél, más segura y más firme que si estuviese en los libros parroquiales, dado que éstos pueden ser imitados y falsificados; mientras que los hechos no se falsifican. Son lo que son."
"Que nos vengan ahora con que el apellido Colón es italiano, ni tuvo jamás nada que ver con Italia. Es español puro."
IX
Me apresuro a presentaros esta exposición porque ha llegado el momento en que presentéis la solicitud a la Excma. Diputación provincial, a fin de que sea auto- rizado su presidente para invitar a la docta Academia de la Historia, a fin de que envíe una Comisión de su seno para que compruebe la legitimidad de los docu- mentos que se le presenten para acreditar el apellido del linaje verdadero de Colón y falle en definitiva este pleito con arreglo a su conciencia, sin tener en cuenta los prejuicios de la Historia.
Esperando que daréis a esta exposición la misma aprobación que a mi anterior, y que obtendréis de la
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Comisión que se nombre por la Academia de la Histo- ria, informe a la misma de conformidad al cuestionario que le presentéis, no dudo que con ello no sólo haréis rectificar la Historia, sino que recibiréis el aplauso y la gratitud de todos los españoles.
(Firmado.) Prudencio Otero Sánchez. Pontevedra, mayo 24 de 1917.» *
IV
UN REQUERIMIENTO A LA ACADEMIA DE LA HISTORIA
Dada a la publicidad esta segunda exposición, la Co- misión Pro-Patria Colón, acompañada del señor presi- dente de la Asamblea m.agna, D. Antonio Pazos, que lo era al mismo tiempo de la Diputación, requirió a la Comisión permanente de la misma en cumplimiento de lo acordado en la última reunión, para pedir la autori- zación necesaria de invitar y sufragar los gastos que demandase la venida a esta capital de una Comisión de la Real Academia de la Llistoria, que debía informar sobre los fines indicados.
Obtenida la autorización pedida, se dirigió por el señor presidente de la Diputación al de la Real Aca- demia de la Historia la comunicación siguiente:
"Cumplimentando un acuerdo de esta excelentísima Comisión provincial, tomado con fecha 28 de junio pró- ximo pasado, y que me 'ha sido trasladado en el día de hoy por el excelentísimo señor gobernador civil de esta provincia, acuerdo recaído a solicitud de la Comi- sión constituida para d esclarecimiento de la verdadera
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
patria del inmortal Cristóbal Colón, de conformidad a la tesis proclamada por el distinguido publicista e his- toriador pontevedrés Celso García de la Riga (q. e. g. e.), y continuada hoy por la referida Comisión, tengo el honor de dirigirme a V. E. rogándole se digne acordar sea nombrada una Comisión de esa Excma. Academia de la Historia, que V. E. preside tan dignamente, a fin de que, en bien de la patria, se tome la molestia de venir a esta capital para formar juicio e informar a esa docta Corporación respecto a la autenticidad de los docu- mentos y demás antecedentes y deducciones lógicas que la Comisión Pro-Patria Colón le presente para acredi- tar que la verdadera patria del descubridor de las Indias Occidentales, Cristóbal Colón, es España.
El gran estado de opinión que este importante asunto tiene dentro y fuera de ella, y como muy bien dice el distinguido publicista, jurisconsulto y ex diputado "a Cortes por Madrid doctor Rafael Calzada, será la vin- dicación histórica más grande de la edad presente ; me obligan a rogar a V. E. no vea en esta invitación más deseo que el de que en este pleito pueda triunfar Es- paña, demostrando ante todas las naciones que el des- cubridor de un Nuevo Mundo, no sólo ha sido apoyado por los Reyes Católicos, para su descubrimiento, sino que el genio que tan magna empresa ha realizado ha tenido por cuna nuestra patria. ,
Por si esta invitación tiene, como espero, favorable acogida por esa Corporación, cúmpleme asimismo ma- niTestar a V. E. que estoy autorizado para sufragar to- dos los gastos de viaje y pertm^epci^ eti esta capital de
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la Comisión que esa Corporación se digne enviar para el referido esclarecimiento, razón por la cual me permi- to rogar a V. E. me diga qué fondos debo situar en ésa para dicho objeto, o si se abonan aqui contra la cuenta que presenten los señores académicos.
Aprovecho esta oportunidad para presentar a V. E. mi más distinguida consideración y respeto, a la vez que hago votos a la Providencia para que conserve largos años su preciosa vida.
(Firmado.) Antonio Pazos. Pontevedra, julio de 19 17. »
Esta comunicación fué contestada por la Real Aca- demia de la Historia con fecha 10 de julio, por orden de su director, el finado sabio Padre Fidel Fita, en la for- ma siguiente:
"Excelentísimo señor: Con fecha 3 del corriente se recibió por el señor director de esta Real Academia, Excmo. Sr. D. Fidel Fita, el oficio de V. I., en que, cumpliendo un acuerdo de la Comisión provincial, de fecha del 28 del próximo pasado junio, y a fin de que se esclarezca la verdadera patria de Cristóbal Colón, en conformidad a la tesis proclamada por D. Celso García de la Riega, y continuada por la referida Comisión Pro- vincial de Pontevedra, propone que se nombre una Co- misión de numerarios de este Cuerpo que se traslade a esa capital y en ella examine la autenticidad de los do- cumentos y demás antecedentes que 'han servido de base
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a lo sustentado por el Sr. García de la Riega, esto es, que la patria verdadera del descubridor del Nuevo Mun- do es España, sobre lo que han de formar juicio e in- formar a esta Corporación.
Para facilitar los medios de hacer efectiva esta invi- tación se dice asimismo que V, I. se halla autorizado para sufragar los gastos de viaje y permanencia de la Comisión académica en esa capital, a cuyo fin insinúa qué fondos debe situar en Madrid para ese objeto, dé no admitir la proposición de que los referidos académi- cos presenten la cuenta para abonarla ahí.
Aunque este oficio ha llegado después de declaradas y puestas en práctica las vacaciones estivales, que el re- glamento permite a la Academia, el señor director, ha- ciendo uso de las facultades que le atribuye el capí- tulo VIII de los Estatutos vigentes, y tomando en la debida consideración la proposición que V. I. le hace en nombre de esa Comisión provincial, accede desde luego a ella en todas sus partes; de modo que, dejando a la prudencia de V. I. la cantidad en globo que ha de situar en Madrid para ese objeto, designará tres de sus indi- viduos de número, de especial competencia en el asunto y /que han de prestar los servicios de reconocimiento y examen de documentos y apreciar, además de su auten- ticidad, el verdadero valor testifical de todos los ante- cedentes que se les consulte, y estudien, para dar testi- monio y fe de los unos e informe crítico y científico a este cuerpo de su importancia demostrativa, con el pro- pósito de llegar a la solución, por todos tan deseada, de punto tan transcendental en la Historia. Luego que
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V. I. acuse su conformidad le serán comunicados los nombres de los académicos designados y el día de su salida de aquí para Pontevedra.
Por disposición del señor director tengo d gusto de ponerlo en su conocimiento para los efectos consiguien- tes. Dios guarde a V. I. muchos años. Madrid, julio i6 de 1917.
El Secretario accidental (firmado), Juan Pérez de GuzMÁN" Y Gallo. (Hay un sello que dice: "Real Aca- demia de la Historia. — Secretaría HI.'') — Señor Presi- dente de la Diputación provincial de Pontevedra."
"Excelentísimo señor Director de la Real Academia de la Historia.
Excelentísimo señor: Al acusar recibo a la atenta comunicación que por disposición de V. E. me ha diri- gido el señor secretario de esa Real Academia de la Historia, con fecha 15 del corriente, cúmpleme ante todo, en mi triple carácter de presidente de la Diputa- ción provincial y como ordenador de pagos de la mis- ma, presidente de la Asamblea y Comisión Pro-Patria Colón, y en el mío particular, presentar a V. E. mi mayor agradecimiento, no sólo por haber diferido a lo solicitado en mi comunicación de 2 del corriente, sino también por haber tenido la atención de ha^er uso de las facultades que le atribuye el capítulo VHI de los Estatutos vigentes de esa docta Corporación para enviar la referida Comisión durante las vacaciones estivales.
Como no es posible presupuestar la cantidad que sea necesaria para los gastos que se originen en la estancia
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í y viajes, dentro de esta provincia, de los señores aca- démicos, he creído conveniente poner a disposición de V. E. un cheque a la orden del Sr. Pérez Guzmán por i.ooo pesetas, que juzgo serán suficientes para el kilométrico de primera clase, así como para subvenir a los gastos de vagón-cama, conducción de equipaje y en su viaje de ida y regreso.
Respecto a los gastos que origine su estancia en el primer hotel de esta capital, me hago responsable.
Espero solamente se digne comunicarme los nombres de los señores académicos que V. E. tenga a bien nom- brar y el día de su salida, para tener el honor de reci- birlos y ponerme a sus órdenes. Dios guarde a V. E. mu- chos años. Pontevedra, julio 26 de 1917. — (Firmado.) Antonio Pazos."
''Excelentísimo señor: En virtud de su atenta co- municación de 26 de julio finado, y confirmando la dis- posición del señor director de esta Real Academia, en uso de las facultades que le concede el capítulo VI de los Estatutos vigentes, transmitida a V. E. con fecha 1.° del mismo mes, la Comisión que ha de reunirse en esa capital el día 17 del mes que hoy empieza estará compuesta de los académicos de número excelentísimo Sr. D. Ángel de Altolaguirre y Duvale, intendente mi- litar, que, como más antiguo, desempeñará el cargo de presidente de la misma; limo. Sr. D. Rafael de Ureña y Smenjand, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid, y D. Ángel Bonilla y San- martín, catedrático en la Facultad de Filosofía y Le-
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tras, en la misma Universidad, y del correspondiente Sr. D. Julián Paz y Espeso, jefe de la Sección de ma- nuscritos de la Biblioteca Nacional y gentilhombre de- Cámara de S. M., en concepto de vocal secretario.
Al mismo tiempo acuso el recibo del dheque núme- ro 1.006.335, emitido por D. José Riestra, de esa ve- cindad, contra el Banco Español del Río de la Plata, por valor de i.ooo pesetas y en favor del académico secretario accidental que suscribe, con destino a los gastos de kilométricos, vagón-cama, conducción de equi- pajes y en el viaje de ida y vuelta de la Comisión refe- rida, aceptando los demás relativos a su estancia en esta capital, que V. E. toma sobre sí.
El Sr. Altolaguirre y Duvale queda autorizado por el señor director para sostener con V. E. la correspon- dencia que exijan los acuerdos sobre el día de llegada y hotel de residencia. — Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, i.° de agosto de 1917. — El Secretario (fir- mado), Fidel Fita. — ^(Hay un sello que dice: "Real Academia de la Historia. — Secretaría.")"
De conformidad con lo dispuesto por la Real Acade- mia, el presidente de la Comisión Pro-Patria Colón re- cibió del Sr. D. Ángel Altolaguirre una carta que a la letra dice : ,
«Reinosa, 7 de agosto de IC17. Señor D. Antonio Pazos.
Muy señor mío : Nombrado presidente de la Comisión de la Real Academia de la Historia, que por invitación
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de k Diputación provincial que usted preside ha de dic- taminar sobre la autenticidad de los documentos descu- biertos en esa capital, en los qué figuran individuos con el apellido Colón, tengo el gusto de manifestarle que, si circunstancias imprevistas no lo impiden, estaremos los académicos en Pontevedra el 17 del corriente, quedando en avisar a usted la hora de llegada.
Es para mí muy grato el ofrecerle el testimonio de mi más distinguida consideración, y en espera de hacerlo personalmente me reitero suyo afectísimo seguro ser- vidor, q. s. m. e., — ^(Firmado.) Ángel Altolaguirre."
En vista de lo manifestado por el Sr. Altolaguirre en la anterior carta, se reunió el 12 del mismo mes la Comisión Pro-Patria Colón y acordó recibir dignamente a la representación de la Academia de la Historia, y que el autor de las dos exposiciones presentadas y publica- das fuese el ponente ante la misma, para presentar to- dos los documentos; daíos y consultas que debieran ha- cerle, a fin de que pudiese informar con conciencia en asunto tan debatido y de tanta importancia.
Apenas me quedaban horas para preparar la ponencia que me había sido encomendada, la que presenté a la Comisión Pro-Patria Colón, dejando para las conferen- cias con la de la Academia la mayor suma de razona- mientos, deducciones, argumentos, etc., etc., que debía de aducir a las objeciones y observaciones que me fuesen hechas por esta última.
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PONENCIA
A la docta Comisión nombrada por la Excma. Aca- demia de la Historia para informar sobre la autentici- dad de los documentos que se le presenten y demás an- tecedentes que han servido de base para sustentar la tesis proclamada por D. Celso García de la Riega de que la verdadera patria del gran Almirante Cristóbal Colón es España.
I
Ante todo, y abrogándome la representación del pue- blo de Pontevedra, cuyas pulsaciones he sentido en casi todas las clases sociales, debo manifestaros la gratitud que este pueblo siente y debe, no sólo a la docta Corpo- ración que representáis, sino a vosotros mismos por ha- ber aceptado la misión delicada que os ha sido confiada, pues no desconocemos los sacrificios que representa y el esfuerzo de inteligencia, estudio y trabajo que habéis de hacer para informar en una materia sobre la que pesa un prejuicio de más de cuatro siglos, y del cual os ruego desprenderos al analizar la prueba indiciaría que se os presente, seguro de que, de este análisis, habréis de sacar la convicción de que aquel grande hombre que se llamó Cristóbal Colón tuvo por cuna España, y si asi lo hacéis, como espero, habréis salvado un error his- tórico, realizando, como ha dicho mi querido e ilustre amigo el doctor Rafael Calzada, ''la vindicación histó- rica más grande de la edad presente".
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II
La Comisión Pro-Patria Colón, a quien he presentado mis dos exposiciones anteriores, y que en la actualidad la forman los Sres. D. Rafael López de Haro, D. Tor- cuato y D. Renato Ulloa, D. Ángel Miguez y D. Gerardo Alvarez Limeses, me han designado para ser el ponente ante vosotros de tan magno asunto ; y sólo la fe que he adquirido de que estoy en lo cierto, me animó a aceptar este cargo, pues, como habréis visto por la primera ex- posición de 7 de enero del corriente año, no me he de- dicado jamás a trabajos históricos ni paleográficos, ni aun literarios, y puedo aseguraros, con la mano sobre mi conciencia, que no es la vanidad ni la gloria la que me obliga a echar sobre mis hombros trabajo de tal magnitud para mis fuerzas y conocimientos, sino el de- seo de vindicar para nuestra patria la gloria de haber sido la cuna del insigne navegante que descubrió un mundo.
La prioridad de este anhelo nuestro corresponde ín- tegra al patricio pontevedrés Celso García de la Riega, cuya gallardía en ser el primero en proclamar que Cris- tóbal Colón era español, y cuyo esfuerzo al hacer su libro Colón, español, cuando ya estaba al borde de la tumba, haciendo una labor conjetural digna sólo de hombres superiores, de aquellos a quienes el Supremo Hacedor de todo lo creado ha querido dotar de esa thispa divina que se llama inteligencia, llevó por todo
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el mundo la nueva tesis que hoy nos tiene reunidos.
Su libro fué el punto de partida para que otros vinie- sen a continuar su obra, aportando cada uno su grano de arena ; tales como el doctor Constantino Horta, Arri- bas Turul, Antón del Olmet y otros, que crean un ver- dadero estado de opinión, tanto en el viejo como en el Nuevo Mundo, a tal punto que hoy puede decirse que la inmensa mayoría de las gentes cultas, si no adquirió la firme convicción de que Colón es español, alimenta la duda de que fuera genovés.
III
Publicada la obra de Celso García de la Riega, y fa- llecido éste a raíz de su publicación, apareció en la ''Re- vista de Archivos, Bibliotecas y Museos", de marzo a abril de 1914, un artículo de persona tan autorizada en la materia como et Sr. Serrano Sanz, rearguyendo de falsos los documentos en que aquél apoya su tesis. Ese artículo vino a ser como una lápida de plomo puesta encima del libro de La Riega.
Pero así como toda semilla germina y fructifica cuan- do es sana y se arroja en buena tierra, así también no faltó quien allende el mar, en la República Argentina, pensando en las glorias de la patria y teniendo fe en la labor conjetural de La Riega, puso empeño especial en hacer revivir la obra de ese genio pontevedrés, y a él se le debe cuanto en tal sentido se ha hecho para le- vantar aquella lápida, dejando en plena luz la obra
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Colón, español, con objeto de que, acumulando elemen- tos sobre ella, que hicieran desaparecer las sospecbas de falsedad de los documentos, pudierais acudir con vuestros superiores conocimientos e inteligencia a pro- clamar provisionalmente, con vuestro informe, que es España la verdadera cuna del gran Almirante, por haber bastantes elementos de juicio para ello, o, cuando menos, para continuar las investigaciones hasta donde sea po- sible. Ese expatriado es el esclarecido español y juris- consulto y publicista doctor Rafael Calzada, para quien recabo el mérito de haber hecho resucitar la obra de García de la Riega, pues no ha dejado un solo correo sin instarme a que buscase nuevos datos y conseguir que la docta Corporación que representáis tomase en consideración asunto de tanta importancia para España.
IV
Obtenido ya nuestro primer objeto, y dejando deter- minadas las razones por qué, siendo yo el menos ca- pacitado de todos los que intervienen en este asunto, aparezco como el héroe por fuerza actuando en él, y dando por reproducidas mis dos exposiciones de 7 de enero y la del 24 de mayo próximo pasado, que cono- céis, pasaré a otras consideraciones y deducciones, de una fuerza tal que considero indestructibles.
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• Descubiertas por Cristóbal Colón las Indias Occi- dentales al finalizar el siglo XV, es en el siguiente en d que hay que buscar la verdad de la verdadera patria de Colón, puesto que es en el que más se ha escrito sobre el hallazgo del Nuevo Mundo y sobre la patria del gran Almirante. Es entonces cuando aparecen las obras de in- finidad de hombres eminentes, como Pedro Mártir de Anglería, Fernando Colón, Metolinea, Alfonso de Oje- da, Diego de la Tobilla, Enciso, López de Gomara, Her- nández de Oviedo, Alfonso de Mata, Pedro de Cieza, Al- var Núñez Cabeza de Vaca, Andrés de Sanmartín, obispo de Chiapa, Deán Cervantes, Pedro Pizarro, Ñuño de Guzmán, Agustín de Zarate, Alfonso de Ercilla, Lasso de la Vega, Benzón, Bry, Acosta, Antonio de Saavedra y tantos otros hasta llegar al cronista Antonio Herrera, quien, por autorización del Rey D. Felipe HI, a fines del siglo XVI, publicó la historia general de los hechos de los castellanos en las Indias y Tierra firme, en las cuatro décadas siguientes al descubrimiento.
Todos los que se han ocupado en ese siglo de la patria de Colón, el que más aseguró que naciera en Ge- nova, y lo • hace siempre con la salvedad de haberlo dicho el propio Almirante en su institución Mayorazga, mientras que su propio hijo Fernando Colón dice ''que su padre ha querido dejar en la oscuridad su origen y patria", y el propio Herrera, compendiando lo que expresaron sus antecesores (página 15, primera década),
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i
afirma: "Conviene saber que fué D. Cristóbal Colombo a quien, por más cómoda pronunciación, dijeron Colón nacido en la ciudad de Genova, en lo cual, y en que su padre se llamó Domingo, se conformaron cuantos de él escriben y hablan y él mismo lo confiesa, y en cuanto al origen, unos quieren que fuese Plasencia y otros Cucureo, en la ribera, cerca de la misma ciudad, y otros de los señores del Castillo de Cúcaro, que cae en la parte de Italia que se dijo Liguria, que ahora es juris- dicción del ducado de Monferrato, tan cerca de Ale- jandría de la Falla que se oyen las campanas ; pero cual sea la más cerca descendencia, en el Consejo Supremo de las Indias, adonde se litiga, se determinará."
De esto se puede deducir lógicamente que en todo el siglo XVI no se sabía a ciencia cierta dónde había nacido Colón. Desde entonces acá, continuaron los historiado- res y los pueblos, hasta el número de diez y siete, dis- putándose la cuna de Colón, porque era tan común el apellido "Colombo" en la República de Genova y en Italia, que todos querían poseer la gloria de tener la cuna del gran Almirante.
Pero lo admirable es que el Almirante ha dejado di- cho de una manera clara y terminante que el apellido de su linaje verdadero era "de los de Colón".
¿Por qué, pues, ese empeño en llamarle Colombo? ¿Por qué decir "que por más cómoda pronunciación di- jeron Colón"? ,¿ Acaso no es tan cómodo y fácil decir Colombo que Colón?
¡ Ah ! Porque lanzados todos los historiadores a bus- car un Colón en Genova no lo encontraron.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
¿ Y por qué no se han ocupado, como el mismo Almi- rante dice terminante e insistentemente en su institu- ción Mayorazga, de buscarlo en cualquier cabo del mun- do en donde existiese uno que llevase o hubiesen lle- vado sus antepasados el apellido de su linaje verdadero "de los de Colón"?
Esta es la incógnita que hay que despejar, y no pue- de hacerse de otra manera sino buscando después de su muerte, en el cabo del mundo, dónde se hallasen "los de Colón".
Todas las genealogías de los Colombos de Italia pue- den ser ciertas o falsas: no nos importa. Nosotros te- nemos que buscar la genealogía de los Colón. En Es- paña la tenemos, y aquella región, aqueít pueblo, aquel lugar que presente mejores títulos para determinar el nacimiento de Colón, a aquella región, pueblo o lugar, debe otorgársele la gloria.
Es indiscutible e innegable que el nacimiento de Co- lón ha sido puesto, desde su muerte, en duda, y de la duda al error no hay más que un paso ; y ésa es la ra- zón por que hasta nuestros días se haya escrito y diva- gado tanto para acreditar la verdadera cuna de Colón.
VI
La única base para asegurar que es genovés es su institución Mayorazga, en donde dice que allí nació.
Como habréis visto por el análisis que de esa insti- tución hice en mi anterior exposición, indico la razón y
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las deducciones lógicas que de ese documento se des- prenden, para poder asegurar que lo hizo por sostener hasta más allá de la tumba que era genovés, puesto que asi convenia a sus intereses y como garantía de que éstos fueran defendidos para sus descendientes por aquella poderosa República.
Esa institución es la prueba más acabada de que no era genovés. Hay en ella elementos bastantes para po- der afirmarlo, pues en varias de sus cláusulas echóse de ver que siempre dejó en la oscuridad dónde resi- dían sus parientes. En una de aquéllas dice ''que toda- vía el diezmo de esta renta se dé y hayan las personas de mi linaje que estuviesen aquí o en cualquiera otra parte del mundo''. ¿Y por qué no decir aquí o en Geno- va? Claro es que no existían en esta República, porque, si no, no necesitaba encargar por otra cláusula a su hijo Diego ''que sostenga siempre en la ciudad de Genova una persona de nuestro linaje".
Es evidente que el Almirante lia tenido especial em- peño en dejar en la duda "su origen y patria", como lo dice su hijo Fernando; pero no por eso dejó de poner los jalones para que andando el tiempo se aclarase el misterio, que su linaje verdadero era de los de Colón y que se buscase en cualquier cabo del mundo, en donde seguramente se encontrarían sus ascendientes y descen- dientes, unidos a los nombres de aquellos sitios y obje- to's que retenía en su memoria desde la infancia, y cu- yos recuerdos quiso perpetuar al poner los nombres de "San Salvador", "Puerto Santo", "Cabo de la Galea", "Punta de la Lanzada" (determinando por única vez el
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¡1 S P A Ñ A, PATRIA DE COLON
viento nordeste, y cuyos nombres son los del princi- pio y fin de nuestra ría), "La Gallega'', '*La Trinidad", ''San Miguel" y ''San Juan", etc.
¿ Es posible que un hombre que en su institución Ma- yorazga demuestra tanto cariño a Genova, no se le hu- biera ocurrido, al descubrir las Indias Occidentales, empezar por poner nombres a aquellas tierras que des-, cubría que recordasen los pueblos que le dan por cuna los Colombos de Italia?
VII
. Los motivos que hubiera tenido el gran Almirante para ocultar su origen y patria pueden ser muy bien los que supone el Sr. García de la Riega en su obra tan- tas veces citada, al demostrar que era de procedencia judaica; pudiera ocurrir también que por ser gallego, región que se había pronunciado en favor de Juana la Beltraneja ; tampoco sería extraño que, hombre místico, tuviera en consideración la frase de Jesús: "Nadie es profeta en su patria", o bien por haber sido corsario o pirata (sin que con esto ofenda la memoria de aquel grande hombre, pues fueron muchos los que se dedica- ron a ello entre Jos marinos de nuestra ría, cuyos des- cendientes, personas honorables, hemos tratado con in- timidad), opinión que comparte el señor González Be- sada ; como también pueden haber sido todos o parte de estos motivos los que le indujeron a no manifestar su verdadera patria. Y no es aventurada esta última hipó-
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tesis, cuando el mismo Almirante nos dice que arribó a Portugal nadando sobre un remo, como único supervi- viente de una nave que había estado batiéndose, como corsario, todo el día, con naves venecianas.
VIII
Leyendo al cronista mayor de Felipe III, Antonio Herrera, primera obra oficial que encierra lo referente al descubrimiento de las Indias durante las dos pri- meras décadas, o sea desde 1492 a 1506, en que falleció el Almirante, aparte de los nombres ya citados, todos de puntos o Cofradías de Pontevedra, se encuentran nue- vos datos que sería prolijo enumerar y que demuestran de una manera concluyente que es aquí donde hay que buscar sus ascendientes. Así, por ejemplo, hallamos un río al cual llamó ''San Salvador", como a la primera tierra en que puso su planta; a otras islas puso los nombres de **San Nicolás", ''Santa Catalina", "San Juan Bautista" ; y cuando bautizó a otra llamándole "La Española", lo hizo oponiéndose a indicaciones que le su- gerían sus compañeros de que la apellidara "La Cas- tellana".
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Permitidme que sobre este importante dato llame vuestra atención, pues no quiso aceptar la indica- ción que le hacían de que le pusiera "La Castellana" y
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le nombró ''La Española" ; y este dato que nos suminis- tra Herrera (página 33) es tan significativo, que bas- taría por sí solo para demostrar que la verdadera patria de Colón es España.
Ofendería vuestra cultura si quisiera hacer una re- seña de nuestra historia en aquella época, pues para todos es bien conocida la enemiga que existió, y aun continuó hasta nuestros días, entre Castilla y Galicia.
¿ Quién de vosotros ignora el desdén con que los cas- tellanos han tratado siempre a los gallegos?
Al oír aquel grande hombre la indicación de sus com- pañeros para que diese a una isla el nombre de "La Castellana", es indudable que se le sublevó su alma gallega, y como una protesta muda le puso ''La Espa- ñola", y a otra isla "La Gallega" para afirmar de una manera indiscutible lo mal que sonaba en sus oídos la palabra "castellana".
Si hubiera sido el Almirante genovés o italiano, ¿ con qué placer no hubiera recibido la insinuación de sus compañeros, puesto que para todo extranjero era más grato el recuerdo de los Reyes de Castilla ?
Creo firmemente que este dato es de una importancia tal, que tiene más fuerza que una partida de bautismo (si existiesen en aquella época), y, libres de toda pasión y prejuicio, os persuadirá de que la patria de Colón fué España.
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En fin, son tantos los indicios que existen para de- mostrar que no es genovés y sí español, que por si solos forman plena prueba.
Pero si a aquéllos agregamos el hecho de que no se encuentra un solo papel del Almirante en italiano y sí infinidad en romance castellano y muchísimas notas en latín, sin que aparezca nada escrito en su idioma — como era natural — , y que si alguna vez se le olvidaba una palabra castellana la sustituía con otra gallega, tenemos forzosaj^ente que reconocer qut no era Genova su pa- tria, pues puede afirmarse que no hay un hombre en el mimdo que sepa escribir de quien no se encuentre un solo doaimento escrito en el idioma de sus primeros años.
El cronista Herrera nos dice que el Almirante sabía latín y hacía versoe. Lástima que la Historia no haya conservado alguno de ellos, pues tengo la seguridad que los haría en castellano o en gallego, puesto que la inspiración poética se revela en el idioma patrio.
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Como habréis visto por mi segunda exposición, he querido buscar en Porto Santo alguna prueba documen- tal en la casa que la tradición dice que fué de los de
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Colón, o mejor dicho, como allí llaman, (Po que descu- briu as Américas, y cuando me disponía a dar por in- eficaz este^ trabajo encontré el crucero de Juan Colón, y aunque ha ofrecido controversia, en vista de que con el miembro de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra D. Luis Gorostola, quien asegura que dice ''Juan Colón", están conformes el miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia D. J. Fernández Gil, enten- didísimo paleógrafo, y el doctor Constantino Horta, de- seo que decida esta cuestión el señor vocal secretario y paleógrafo de vuestra Comisión, ilustrísimo señor don Julián Paz Espeso.
XII
Es de grandísima importancia la tradición que existe en el lugar de Porto Santo, y acerca de ella dejó el Sr. Fernández Gil la demostración de su valer. De ella se ha ocupado también el ilustrísimo señor gobernador de esta provincia, D. Luis Tur Paláu, miembro y secre- tario de la Sociedad Geográfica, persona que por su ilustración y vastísima y sólida cultura da al tema tratado el valor de cosa real.
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Y ahora me concretaré a presentaros los documentos que prueban que el apellido del linaje verdadero de Cristóbal Colón y Fonterosa existían aquí antes y des-
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!
pues del descubrimiento de América; y el plano que demuestra de una manera gráfica que el propio Almi- rante ha querido dejar hecha su partida de nacimiento.
XIV
DOCUMENTQS
I. — Fotografía de la capilla de Santa María, en donde existe la inscripción siguiente: Os do cerco de Juan Neto e de Juan de Colon fixeron esta capella. Esta igle- sia, según manifestación del señor cura D. Francisco Castro Queiruga, se empezó entre el año 1480 y 1484 y se terminó en 1559, y como la capilla se halla a tres me- tros de los cimientos, es de suponer que fué construida antes del descubrimiento de las Indias occidentales.
2. — Fotografía del crucero de Porto Santo, sacada a las dos horas del descubrimiento.
3. — Transcripción al ferro-prusiato de la inscripción del mismo crucero, hecha por el miembro de la Socie- dad Arqueológica de Pontevedra D. Luis Gorostola.
4. — Plano de la ría de Pontevedra calcado sobre el plano de Fontán — que tiene noventa años de existen- cia— , y en el cual se hallan al principio y fin de la ría los nombres de 'Torto Santo", ''San Salvador", "La Galera" y ''Punta Lanzada".
5. — Fotografía de una escritura otorgada en 11 de octubre de 15 18 ante el notario Alonso García de Sisto, en que Juan Neto y Juan de Padrón dan fianza cance- laría a Juan de Colón.
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6. — Escritura sobre cuentag de la iglesia de Santa María que rindió Juan de Colón en 21 de septiembre" de 1529, otorgada ante el mismo notario Alonso García Sisto.
7. — Hojas sueltas de un libro de visitas de la parro- quia de Santa María la Grande, de Pontevedra, que procede del gremio de mareantes y se guarda en la So- ciedad Arqueológica, en que figura girando visita el muy magnífico y reverendísimo maestre D. Cristóbal Colón en 1575.
8. — Otra igual visita en 1576 por el mismo D. Cristó- bal Colón.
Las notas de estos cuatro últimos documentos fueron facilitadas por el Sr. D. Casto Sampedro, y las dos úl- timas se hallan en su poder, como presidente de la So- ciedad Arqueológica.
9. — Otra acta de 28 de diciembre de 1575, de otra visita girada por el mismo D. Cristóbal Colón, encon- trada por el que suscribe en el Archivo de la Cofradía de la Santísima Trinidad de Santa María.
10. — Libramiento del Arzobispo de Santiago, don Lope de Mendoza, a favor del Maese Nicoláu Oderige de Genova, a cargo del Ayuntamiento de Pontevedra.
II. — Libro del Concejo en poder de la Sociedad Ar- queológica.
Acuerdo del mismo Concejo de 20 de julio de 1457, ordenando el pago de pequeñas cantidades a Domingo de Colón y Benjamín Fonterosa.
12. — Cuaderno de cuentas de la Cofradía de San Mi- guel en poder de la Sociedad Arqueológica, donde figu-
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i
ra Alfonso o Antonio dar Colón. Comprende los años 1480 a 90. I ;
13. — Cartulario propiedad de García de la Riega, en que existe una escritura aforamiento de 14 de octubre de 1496, lindando con la heredad de Cristobo de Colón.
14. — Escritura de aforamiento, hecha en 13 de octu- bre de 1 5 19 a Juan y Constanza de Colón.
XV
Como el Excmo. Sr. Director de la Real Academia de la Historia dice en su comunicación del 16 de julio de este año que la Comisión nombrada viene, no tan solamente para el reconocimiento y examen de los do- cumentos y apreciar, además de su autenticidad, el ver- dadero valor testifical de todos los antecedentes qiie se les consulten y estudien, ciréome autorizado para rogar- le se digne informar al tenor de las siguientes consultas :
I. — El verdadero apellido del linaje verdadero de Cristóbal Colón, ¿era Colón o Colombo?
2. — ¿ Cree que haya existido o exista en el mundo un hombre que supiera escribir, y que habiendo llegado a la cumbre de la gloria, no dejase algún documento es- crito en el idioma en que aprendió a hablar ?
3. — ^¿Conoce algún documento público o privado escri- to en el idioma que usaba la República de Genova, por Cristóbal Colón?
4. — ¿ Sabe de algún historiador que haya encontrado en Italia, en los siglos xv y xvi, algún individuo que llevase el apellido verdadero de Colón? ,
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XVI
Como la solución de estas consultas son las que en- tiendo han de llevarnos á la verdad, demostrando que el apellido Colón — que es el verdadero del Almirante — ■ no es italiano y si español, ruego a los académicos que tengan la bondad de contestarlas a la vez que emitan su informe a la docta Corporación dé la Academia, refe- rente a los demás puntos que contiene esta exposición, en vista de los antecedentes presentados y los trabajos verificados por el correspondiente de la Real Academia Sr. D. J. Fernández Gil.
Pontevedra, agosto 15 de.1917. — (Firmado.) Pru- dencio Otero Sánchez."
Cuando ya nos disponíamos a recibir a la Comisión de la Real Academia, sobrevino la huelga ferroviaria en toda España, que interrumpió la venida de aquélla y quedó todo en suspenso hasta que, terminada, se recibió de la docta Corporación la comunicación que a la letra dice:
"Los sucesos lamentables que han tenido lugar des- de el pasado mes de agosto, impidieron a la Comisión nombrada por el señor Director de esta Real Academia, y de que V. S. tiene conocimiento, realizar su marcha a esa capital con el objeto de examinar los documentos referentes a la familia de un Colón, que por muchos se considera ser la del descubridor glorioso del Nuevo
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Mundo, que esa Diputación provincial deseaba que por este Cuerpo fuesen técnicamente avalorados. Por des- gracia, ni el estado general de las cosas ha conseguido totalmente su justo y pacifico equilibrio, ni algunos de los numerarios nombrados, por su especialidad, para este objeto, abierto para unos que son catedráticos de la Universidad Central el curso académico, y atentos otros a obligaciones ineludibles de los cargos que des- empeñan en la carr.era militar, a que pertenecen, se hallan en situación de momento para poder desempeñar tan delicado cargo; por lo que, en la sesión celebrada por esta Academia el día 5 del corriente, expuesta por dichos señores la realidad de las cosas, se acordó dar a V. S. conocimiento de ello para poner a su elección una de las tres soluciones posibles: Primera, el aplazamien- to hasta tener la amplitud necesaria de tiempo para lle- varlo a cargo; segunda, la remisión a Madrid, con las seguridades y garantías necesarias, de los documentos que se han de examinar para proceder aquí a su prolija inspección, o admitir la renuncia de la misión encomen- dada a este Cuerpo, y que tiene a honor realizar, en cuyo caso serían devueltas las mil pesetas recibidas para los gastos de viaje a esa capital. — En cumplimiento de este acuerdo, tengo el honor de comunicárselo para su conocimiento y resolución. — Dios guarde a V. S. mu- chos años. — Madrid, 20 de octubre de 19 17. — El Se- cretario accidental. — (Firmado.) Juan Pérez de Guz- MÁN Y Gallo. — Sr. Presidente de la Excma. Diputación provincial de Pontevedra. — (Hay un sello que dice: ''Real Academia de la Historia. — Secretaría.")'*
K SP A Ñ A, ' P A T RI A DE C O L O .V
Recibida por el presidente de la Diputación la co- municación que antecede, dio cuenta de ella a la Comi- sión Pro-Batria Colón en 22 de diciembre y acordó contestarla en los térnainos siguientes :
"La demora en contestar la muy atenta comunicación que V. E. ha tenido a bien dirigirme con fecha 20 de octubre próximo pasado, ha sido motivada por tener que dar cuenta de ella a la Comisión ejecutiva Pro-Patria Colón, a fin de que conocieran las justas eausas que han dado lugar a la suspensión de la venida a esta ca- pital de la Comisión de esa Real Academia de la Histo- ria y de las soluciones que esa docta Corporación pro- pone para continuar la labor empezada de determinar la verdadera cuna del inmortal Cristóbal Colón. En su consecuencia, reunida aquella Comisión bajo mi presidencia, acorcíó manifestar a V. E. lo siguiente: 1." Aceptar la primera de las soluciones propuestas por esa Real Academia, rogando a V. E. haga presente a la Comisión elegida de su seno el vehemente deseo que esta Comisión tiene de que no pase el año próximo de 1918 sin que se realice el viaje suspendido; 2.°, auto- rizar al presidente de esta Comisión ejecutiva, D. Ra- fael López de Haro, para que personalmente haga en- trega a V. E. o a la Secretaría de la Excma. Real Aca- demia de las dos exposicioi:kes fechas 7 de enero y 24 de mayo del corriente año, presentadas por D. Pruden- cio Otero Sánchez, y de la ponencia del mismo señor aprobada por esta Comisión fecha 15 de agosto y de to'las'las fotografías y demás antecedentes que debían
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presentarse a la Comisión de la Real Academia, para que sean conocidos por ésta y puedan compulsar su autenticidad en su estancia en esta capital ; y 3.°, rogar ai Sr. D. Juan Fernández Gil, miembro correspondiente ae esa Rejl Academia, envíe directamente a la m'sma los trabajos que tenía preparados, e igual ruego al miem- bro de esta Comisión D. Gerardo Alvarez Limeses. De- jando, pues, trasmitidos los acuerdos de esta Comisión, séame permitido hacer a V. E. otro ruego, y es que, au- torizado ya por esta excelentísima Diputación provin- cial para subvenir a los gastos que la venida de la Comi- sión demande, deseo que en lo sucesivo hasta termi- nar la secuela de este asunto me sean dirigidas las comunicaciones de V. E. en el carácter de presidente de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, pues es el cargo que tengo y deseo ostentar por ser permanente, mientras que el de presidente de la Diputación es tran- sitorio. Dios guarde a V. E. muchos años. — Pontevedra, diciembre 22 de 1917. — (Firmado.) Antonio Pazos. — Excelentísimo señor presidente de la Real Academia de la Historia. Madrid."
Con fecha 10 de enero de 1918, el señor presiden te de la Comisión ejecutiva Pro-Patria Colón, don Rafael López de Haro, dio cuenta ante la Comisión de haber cumplido su cometido, entregando en la Secreta- ría de la Real Academia de la Historia, como así se había acordado en la sesión de 22 de diciembre del año anterior, mis dos exposiciones y ponencia, con todas las fotografías y demás antecedentes que debían haberse
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presentado a la Comisión de la Academia, acordándose que yo continuase en mis investigaciones hasta que avi- sase su viaje a esta capital.
Prosegui con paciencia y cariño mis trabajos, y al tiempo en que eran mayores mis esperanzas de obtener para España la gloria de que hubiese sido un español el descubridor del Nuevo Mundo, me encuentro con ver- dadero asombro que el Sr. D. Ángel Altolaguirre, miembro de la Real Academia de la Historia y presi- dente de la Comisión que de su seno se había nombrado para venir a esta capital, presenta a la Corporación y publica en el Boletín Oficial de la misma correspondien- te al mes de marzo un trabajo, en el cual se afirma la patria genovesa de Cristóbal Colón.
COLON, GENOVES, SEGÚN UN ACADÉMICO
He aquí el trabajo del Sr. Altolaguirre, titulado: "La patria de D. Cristóbal Colón, según las actas notariales de Italia":
"Parecía que se había ya fijado el criterio universal reconociendo que el descubridor de América nació en Genova, cuando el Sr. García de la Riega publicó su obra Colón, español, tratando de demostrar que fué en Pontevedra donde vio la luz primera el gran navegante, doctrina que se ha abierto algún camino merced a la activa propaganda que, tanto en Galicia como en Amé- rica, efectúan los entusiastas partidarios de la idea, los que procuran captarse adeptos publicando y haciendo circular con profusión copias fotográficas de los docu- mentos en que apoyan sus juicios y en folletos y confe- rencias divulgan los argumentos en que fundan su teo- ría (i).
(i) GWstóbal Colón nació en Pontevedra en el año 1436 o en el 1437, y fueron sus padres Domingo de Colón, llamado el Mozo, y Susana Fonterosa. (La Riega: capítulo XIV.)
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Es axiomático que para fallar un pleito en justicia necesario es oír los alegatos de las partes contendientes, y abundando en este concepto, perécenos que para ilus- trar la opinión, a nuestro juicio un tanto descarriada, será conveniente hacer un resumen de lo que nos dicen las actas notariales de Italia sobre la hasta ahora tenida por familia de D. Cristóbal Colón.
En el volumen i, parte II, de la Raccolta Colombiana, y precedidos de un estudio de L. T. Belgrano y M. Stag- lieno, se publicó una numerosa colección de documen- tos, en los que figuran los nombres de un Cristóbal de Colombo, sus padres, hermanos y parientes de diversos grados.
La frecuencia con que en documentos y obras apare- ce en Italia el apellido Colombo ; el haberse descubierto que algunos de los documentos en que figura el sobre- nombre del primer almirante de las Indias son apócri- fos, y el no poder comprobarse la autenticidad de otros por haber sido destruidos o no encontrarse los origina- les, han motivado el que sean acogidos con cierta des- confianza los documentos notariales de Italia y no se les atribuya todo el valor que como fuente de conoci- miento histórico tienen la mayor parte de ellos.
El que algún documento haya resultado falso no pue- de constituir prueba de que lo sean todos los demás, y por esto, ínterin no se demuestre de una manera evi- dente, como resultado de una investigación directa y reconocimiento técnico, que son apócrifos, ttpdremos por auténticos todos los publicados por la Real Comisión Colombiana, siempre que conste la existencia y sitio en • 78
ESPAÑA, PATRIA DE COLÓ N
que se hallan depositados los originales, a fin de que pueda ser compulsada la autenticidad, descartando, en cambio, como medios de prueba, aquellos que no pue- den ser cotejados con sus originales por tjo parecer o haber sido éstos destruidos.
Partiendo de estas bases, haremos un sucinto extrac- to de los que se refieren al Domingo de Colombo, tenido por padre del almirante D. Cristóbal.
En las actas notariales extendidas en Genova en el siglo XV, para evitar que las personas que en ellas figu- raban pudieran ser confundidas con otras que tuviesen el mismo nombre y apellido, se hacía constar en casi todas, no sólo el lugar en que habían nacidg o de que eran oriundos, sino también el nombre de su padre, an- teponiendo la palabra quondam si éste había ya falleci- do, o la de fillius si vivía.
Los documentos extendidos en Saona son, por regla general, menos explícitos, y suelen no contener más da- to que el del punto de residencia de las personas que en ellos figuran.
El primer documento en que aparecen los nombres de los supuestos abuelos y padre de D. Cristóbal Colón tiene fecha 21 de febrero de 1429, y en él consta que "lohannes de Columbo de Moconexi" (i), habitante en la villa Quinti, inmediata a Genova, compareció ante el
(i) Moconoxí, villa situada en el valle de Fontanabuona, co- lindante con el de Bisagno, en el que se halla la Villa Quinti; ambos valles están próximos a Genova; en el primero se en- cuentran también Terrarossa y Fontanarossa, y en el segundo, Villa Quarto.
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notario de esta ciudad ''Quirico de Albenga", declaran- do que colocaba a su hijo Domingo, que tenía cerca de once años de edad, como aprendiz de tejedor de paños, en casa de ''Guillermo de Bravante".
Es de sumo interés este documento, que demuestra que en 1429 se hallaba ya establecido en Genova el abuelo de Cristóbal Colombo, y sirve de punto de par- tida para probar que el que fué padre de éste, Domingo de Colombo, que a la sazón sólo tenía once años de edad, permaneció establecido en Genova o Saona hasta su muerte.
Diez años después, en i.° de abril de 1439, Domingo de Colombo, "filio Iohannis'\ convertido ya en maestro tejedor de paños, toma de aprendiz a un hijo de Pedro de Verzia, según acta otorgada en Genova ante el nota- rio Benedicto Peloso.
La identidad de nombre, apellido, profesión y nom- bre del padre, son datos bastantes para comprobar que este docum.ento y el anterior se refieren a un mismo Domingo de Colombo.
En 6 de septiembre de 1440, el Monasterio de San Esteban cede en enfiteusis a "Dominighino Columbo textori pannorum, filio lohannis", un terreno en la vía Olivella, en el que se hallaba edificada una casa lindan- te por un lado con un edificio propiedad de Bertore de Valetariis, y por otro con la casa de Pedro de Croza de Rapallo ; el censo que Dominico tenía que satisfacer anualmente era de 15 soldi y 2 y2 denari, apareciendo deudor por este concepto y cantidad en los libros del
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Monasterio correspondientes a los años de 1456-57-58- 59 y 60.
En 20 de abril de 1448 los hermanos Antonio y Do- mingo de Colombo, quondam lohannis, habitantes en Villa Quinti, se obligan en Genova, ante el notario Anto- nio Fazio por el resto de la dote de su hermana Bat- tistina.
Este documento nos da a conocer que el Juan de Co- lombo de Moconexi habitante en Villa Quinti, que figu- ra en el acta de 21 de febrero de 1429, tuvo además de Domingo de Colombo otro hijo llamado Antonio y una hija de nombre Battistina.
Según consta en acta otorgada en Genova ante el no- tario Jacobo Bonvino, "Dominico de Columbo, textorí pannorum lañe in lanua quondam lohannis^', adquirió «n 26 de marzo de 1451 una parcela de terreno "in po- testacia Bissamnis in Villa Quarti".
En 18 de enero de 1455 el Monasterio de San Este- ban cede en enfiteusis a "Dominico Columbo, textori pannorum lañe", un terreno "in burgo Sancti Stephani", sobre el que estaba edificada una casa que lindaba por un lado con fincas de Juan de Palavania y por otro con edificios de propiedad de Antonio Bondi ; más adelante, al ocuparnos del litigio a que dio lugar esta propiedad, demostraremos que el Domingo Colombo a que se hace la cesión es el Domingo Colombo hijo de Juan, vecino de Villa Quinti.
En 4 de junio de 1460, en la ciudad de Genova, y ante el notario Juan Valdettaro, es testigo y fiador "Do- minicus de Columbo, frater Antonius de Coliunbo, ha- Sí
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bitator Villa Quinti, potestacie Bisanmis, qiiondam lohannis", en el compromiso contraído por Antonio- para colocar a su hijo Juan de aprendiz en casa del sastre Antonio de Planis; este Juan, llamado así sin duda por ser el nombre de su abuelo, es más que pro- bable que tuviera por segundo el de Antonio, que era el de su padre, y fuera, por tanto, el Juan Antonio Co- lombo que más adelante ha de servirnos en nuestro re- lato para identificar la personalidad del gran descu- bridor.
Según acta levantada en Genova el 15 de marzo de 1462 por el notario Andrea de Cairo, ''Dominicus de Colombo, textor pannorum lañe, quondam lohan- nis'\ fué testigo del pago de una deuda de 50 liras he- cho a Antonio Leverone, y en 5 de julio de 1464, el mismo ''Dominicus de Columbo quondam lohanni^', aparece en Genova como formaiarius, declarando ante el notario Juan Valdettaro adeudar 15 liras a Jerónimo delle Vigne, figurando también en idéntica forma y como testigo en una sentencia arbitral inserta en acta exten- dida en Genova el 14 de septiembre de 1465 por el nota- rio Benedicto Peloso.
En 17 de enero de 1466 ''Dominicus de Columbo, quondam lohannis textor pannorum lañe, habitator la- nue in contracta extra portam Sancti Andree", afianza' en Genova, ante el notario Andrea de Cairo, la evicción de una tierra en Villa Quarti, que vendió su primo iher- mano lohannes de Columbo de Moconexi, quondam Luce'\
El primer documento en que aparece en Saona tiene
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fecha 2 de marzo de 1470, y por él consta que ante el notario Juan Gallo tomó a su servicio "Dominicus de Columbo civis lanue, quondam lohannis de Quinto, tex- tor pannoruní et tabernarias" a Bartolomé Castagnelli.
En extremo interesante es el acta extendida en Ge- nova en 22 de septiembre de 1470 por el notario -Jacobo Calvi, en la que consta que ''Dominicus de Columbo quondam lohannis y Chrisioffoms, eitis filius", en pre- sencia y con el consentimiento de su padre, toman por arbitro de sus diferencias con Jerónimo de Portu a Juan Agustín de Coano.
La sentencia arbitral la dictó Coano el 28 del mismo mes y año, ante el notario Calvi, y por ello condenó a "Dominiami de Columbo et Christophorum eius films" al pago de 35 liras a Jerónimo de Portu.
Tan importante o más que la anterior es el acta exten- dida en Genova el 31 de octubre de 1470 por el notario Nicolás Raggio, y en la que ''Chistof forus de Columbo, filius Dominici maior annis decemnovem et in presentía auctoritate concilio et consensu dictis Dominici eius pa- tris presentís et autorizantís", se declara deudor de una cantidad por resto de una partida de vinos que vendie- ron por cuenta de Pedro Belexio de Portu. Si se tiene en cuenta que en el acta de 2 de marzo de 1470 Do- mingo de Columbo, vecino de Genova, ''quondam lohannis de Quinto", figura como tejedor de paños y comerciante en vinos (tabernarius), y en las de 22 y 28 de septiembre de 1470 este mismo Domingo de Colum- bo, quondam lohannis, aparece como padre de Cristóbal Colombo, no puede ofrecer duda que el Domingo Co-
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lumbo, comerciante en vinos y padre del Cristóbal Co- lumbo que aparece en el acta de 31 de octubre de 1470, últimamente citada, es el mismo Domingo Colombo, hijo del Juan Colombo, habitante en Villa Quinti, que figura en la primera de todas las actas citadas, y lo mismo el "Dominicus Columbus lanerius habitator Saone", que, en unión de su hijo Cristóbal, reconocen en acta otorgada en Saona por el notario Tomás del Zocco, el 26 de agosto de 1472, ''deber ciento quarenta liras a Juan de Signorio", pudiendo, por tanto, afirmar- se que existe un perfecto enlace entre todos los doai- nientos de que hemos hecho mención, los cuales prueban que desde 1429 hasta 1470, en que aparece por vez pri- mera en las actas Cristóbal Colombo, su familia residió en Italia, y él y su padre, en Genova, sin que exista dato alguno que permita suponer que éste cambiara de residencia, una vez que entre las fechas de unas a otras actas no media gran espacio de tiempo, y en todas figu- ra ejerciendo su oficio de tejedor de paños o dedicado a empresas mercantiles, que requerían, como el comer- cio de vinos, permanencia en la localidad.
En Genova, el 25 de mayo de 1471 "Suzana, filki quondam lacobi de Fontanarubea et uxor Dominici de Columbo textoris pannorum lañe, presentes", ratifica ante el notario Francisco Camogli la venta de un in- mueble a "Goagninus de Fontanarubea fratem ipsius Suzane" ; que este Domingo de Colombo es el hijo de Juan a que en todo este trabajo nos venimos refiriendo, lo demuestra el acta en que cinco días después los mis- mos "Goagninus de Fontanarubea y Dominicus de Co- ■ 84 ^
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lumbo textor pannorum lañe, quondam lohannis", nom- bran ante el notario Ambrosio Garumbero dos arbitros para dirimir sus diferencias, y la de 14 de abril de 1472, en la que se hace constar que ante el mismo notario ''Dominicus de Columbo textor panMorum lañe, quon- dam lohannis" recibe en Genova de Guagnino de Fon- tanarubea determinada cantidad, como resultado de la venta del inmueble a que se refiere el acta de 25 de mayo de 1471.
En 7 de agosto de 1473, ante el notario de Saona Pedro Corsaro: "Sozana, filia quondam lacobi de Fon- tanarubea de Benzagno et uxor Dominici de Columbo de lanua ac Christophorus, et lohannis Pelegrenius, ñlii dectorum Dominici et Sozane, iugalium et cum auc- toritate et consentu dictorum parentum suorum presen- tium", consienten en la venta que iba a hacer Domingo de una casa que poseía *'in civitate lanue in contrata porta Olivella".
Expuesto queda que en las actas notariales de Sao- na no suele aparecer el nombre del padre de Domingo de Colombo, como sucede en las de Genova; por eso tenemos que recurrir a ellas para la comprobación, y, en efecto, aparte de que en el acia ya citada de 6 de sep- tiembre de 1440 consta que el Monasterio de San Este- ban cedió en enfiteusis a "Dominighino Columbo, textori pannorum, filio lohannis" (ya hemos dicho que cuando el padre era vivo anteponían a su nombre la palabra füius, y cuando era muerto, la de quondam), una casa en la vía Olivella, encontramos que en Genova, el 8 de abril de 1480, y ante el notario Juan Bautista Parissola,
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"Dominicus Columbus quondam lohannis laneriiis", re- cibe de Pedro de la Celia ciento cincuenta y cinco liras, precio de la casa que le vendió en vía Olivella el 24 de septiembre de 1473 ; resulta, pues, que el Domingo Columbo, a quien su mujer Suzana y sus hijos Cristó- bal y Juan Pelegrino autorizaron en Saona, el 7 de agos- to de 1473, para la venta, que tuvo lugar el 24 del mes siguiente, de la casa en Porta Olivella, es el mismo Do- mingo de Colombo a que nos venimos refiriendo, sin que el hecho de que en el acta de autorización sólo figuren como hijos del matrimonio Cristóbal y Juan Pelegrino signifique, como supone el Sr. La Riega, que no tuvie- ran más, pues bien podían tener otros que se hallaran ausentes o que en la fecha que se otorgó el documento no alcanzasen la edad necesaria para obligarse.
Y puesto que del trabajo del Sr. La Riega (i) nos ocupamos, hemos de hacer una observación que sus teo- rías nos siígiere: afirma que la madre del gran nave- gante se llamaba Susana Fonterosa, y cree que el Cris-
(1) La Riega: cap. X, pág. 109. El apellido Fonterosa apa- rece (en Galicia) con los nombres de Abraham, Eleazar, Jacob el Viejo, otro Jacob y Benjamín; la madre de Colón se llama- ba Suzana; si el Almirante pertenecía a esta familia, hebrea sin duda, ¿no habíamos de disculparle su resolución de no revelar estos antecedentes, dado el odio de raza, etc.?
"Creo que no hay necesidad de echar por tierra toda la historia de Colón; basta presumir que ese Christophoro Co- lombo lanerio en 1472, y que en otro documento de 1473 figura con su hermano, Juan Pelegrino, era, sin duda, persona distinta de la de Cristóbal Colón, descubridor de América." (Colón, español, pág. 88.)
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tóbal Colombo que figura en las actas notariales de Ita- lia no era el Cristóbal Colón de España ; ante tales afir- maciones nos permitimos preguntar a los que siguen las teorías del Sr. La Riega : ¿ en qué documento se ha en- contrado el nombre de la madre del primer almirante de las Indias ? Por creer que éste y el Cristóbal de Co- lombo de Genova eran una misma persona se ha tenido por su madre a la Suzana Fonterosa que figura en las actas notariales de Saona y Genova; pero si eran dos distintas individualidades, confesamos nuestra ignoran- cia; no se nos alcanza en qué pruebas fundó el señor La Riega sus afirmaciones, que, de ser ciertas, entraña- rían la sorprendente coincidencia de que tuvieran los mismos nombres y apellidos las madres del Cristóbal Colombo de Italia y la del Cristóbal Colón de España. Por otra parte, si estos Colombos de Genova y Saona no pertenecían a la familia del Almirante; si es cierto lo que dice el Sr. La Riega de que lo único que se ob- tiene en limpio del estudio de los documentos notariales es que "los italiünos de apellido Colombo eran otros Ló- pez, no eran de los llamados de Colón con antecesores Rosnados de Colón'' (i), ¿en qué se fundó el autor de las novísimas teorías sobre la patria del gran navegante para afirmar que éste empezó su carrera de marino el año 145 1, a los catorce de edad, poco más o menos, y que, emigrados de Pontevedra sus padres y su her- mano Bartolomé, a fines de 1452 o principios de 1453, se reunió con ellos en Portugal, marchando postcrior-
(i) Colón, español, pág. 96. 87
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
mente toda la familia a Italia, estableciéndose desde lue- go en Genova y trasladándose más tarde a Saona? (i) ¿ En qué documento o fuente seria de conocimiento his- tórico encontró el Sr. La Riega d apellido de Colón, en Genova y Saona, en esta época y qué datos para afir- mar que allí emigrara la familia entera de los Colones de Pontevedra? En ningún documento de Genova o Saona aparece el apellido de Colón; en todos es el de Colombo Q Colümbo.
Siguiendo el estudio de las actas, encontramos que en 5 de noviembre de 1476, ante el notario de Genova Juan de Benedetti, ''Dominicus de Columbo, fextor panno- rum lañe quondant lohannis, habitator Saona", cede un crédito que tenía contra Nicoli Masglio.
El 23 de enero de 1477, y según acta extendida en Saona por el notario Juan Gallo: "Suzana, filia quon- dam lacqbi de Fontanarubea et uxor Dominici de Co- lumbo lanerii civis et habitatoris Saone", da consenti- miento a éste para la venta de la casa sita "in burgo Sancti Stephani indita civitates Tanue in contracta Sanc- ti Andre" ; aunque ya queda demostrado que el Domi- nico de Colombo, marido de Susana, era el hijo de Juan, conviene hacer constar que esta casa, cuya venta auto- riza Susana, es la en que vivían en 1466, según se ex- presa en el acta de 17 de enero, extendida por el nota- rio Andrés de Cairo, didendo que Dominico de Colum- bo era hijo de Juan y que vivía "en contracta extra por- tam Sancti Andre".
(i) Colón, español páí?. 174.
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Para demostrar cuan a la ligera escribió el Sr. La Riega su trabajo y lo poco que estudió los documentos italianos, vamos, aun a trueque de extendemos más de lo que quisiéramos, a reproducir lo que dice respecto a ;a autorización dada por Susana en 23 de enero de 1477.
Lo extraño es — expone el Sr. La Riega (i) — que el sabio Harrisse, que no tenía gran confianza, según dice el académico Sr. Asensio, en la autenticidad de varios documentos italianos, no haya advertido la contradic- ción evidente entre el relativo a la venta por Domenico Columbo de una casa de Genova, el año 1477, y ^1 que contiene la cesión de la misma casa en 1489, hecha por el propio Domenico a su yerno Jacobo Bavarello, y por no ser menos que el Sr. Harrisse, que, según dice que dijo el Sr. Asensio, dudaba de la autenticidad de varios documentos italianos, el Sr. La Riega, ya que hizo el descubrimiento de esta contradicción, se lanza a sos- pechar que "la persona que encontró uno de estos pa- peles ignoraba sin duda la existencia del otro*'.
Veamos ahora lo que, respecto al documento, dice el Sr. Harrisse: "On vient de le voir, la propriété décrite dans le contrat Corsaro n'est peut-etre plus possédée en 1477 puisque le 23 Janvíer de cette année sa femme en ratifie la vente ou la promesse de vente, Cependant douze ans aprés, Domenico avait encoré un inmeuble en •ce endroit, car nous, donnons une transaction de 1489, par laquelle il transporte á son gendre une Aaison avec boutique jardin... Malhereiisement, le prisée faite de-
(i) Colón, español (Madrid, 1914), pág. 94.
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van M*^ Domenico de Villa et contenant une description plus détaille n'a pu étre retrouvée. Nous ne saurions done diré positivement s'il s'agit ici d'un nouvel inmeu- ble ou de celui qui fut aliené en 1477 que Domenico aurait racheté et si les contributions pagées en 1457-60 s'appliquent a cette propriété méme ou á une autre si- tuée aussi in contracta Sancti André.
Repondré af firmativement, c'est admcttré que Domi- nico posséda en 1457, 14^3, I474 et jusq'en 1477 une maison, et en méme temps, mais iusqu'en 1489-92 une autre, si prés de la premiére, qu'elle etait également adossée a la muraille de la ville, et aussi en fagade sur la voie Saint-André, entre la porte et Mulcento. Cela n'a rien d'impossible, mais jusqu'á plus ampie informé. nous penchons á croire que toutes ees données ne portent que sur une seule maison, celle qui fut V oh jet d'unc promesse de vente en 14.77, et que si Domenico put ¡a transporter a son gendre en 1489, c^est qu'il Vavait ra- chetée ou reprise dePietro Antonio de Garesio, ou bien que la promesse de vente ne fut pas suivie d'effet" (i).
Resulta, pues, que el Sr. Harrisse, no sólo vio la apa- rente contradicción, sino que, fijándose en que el acta de 23 de enero de 1477 no constituye una escritura de transmisión de dominio, sino que sólo autoriza para que la venta se verifique, aprecia las dos soluciones que na- turalmente pueden darse : o qu£ la venta no se realizó, o que, si llegó a efectuarse, la finca volvió a ser propie-
(i) Christophe Colomh, son origine, sa vie, s»s voyages, sa famille, etc., par Henry Harrisse. París, 18S4. Tomo I, pág, 206,
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dad de Domingo Colombo, una vez que éste la poseía en 1489, once años después, e hizo cesión de ella a su yerno Jacobo Bavarello ; lo que no hizo el Sr. Harrisse fué incluir este acta entre aquellas de cuya autenticidad dudaba; pudo, por tanto, la persona que encontró uno de estos papeles conocer sin duda alguna la existencia del otro y darse la cuenta, que no se dio el Sr. La Riega, de que, entre ellos, no existe contradicción que dé lugar a sospechar de falsedad.
Respecto al documento de 1489 a que nos venimos refiriendo, es un acta extendida" en Genova por el notario Lorenzo Costa el 21 de julio de 1489, por la que Do- mingo de Columbo hace cesión a Jacobo Bavarello de la casa fuera de la Puerta de San Andrés ; en este docu- mento, dice el Sr. La Riega, "figura Domenico Columbo como administrador de sus hijos Cristóbal, Bartolomé y Jacobo, hijos también y herederos de una Suzana sin apellido. El Dominico cede a Bavarello la casa cercana a la Puerta de San Andrés de Genova, y no dice si el cesionario era lanero de esta ciudad o de Saona. Ha desaparecido Juan Pellegrino, acaso por fallecimiento, y aparecen Bartolomé y Diego, que no figuran como. hi- jos del Domenico y de Suzana de- Fontanarubea, en otro documento de Genova, año 1477, en el que, según queda dicho, se menciona tres veces como hijos tan sólo a Cristóforo y al Juan Pelegrino, sin aludir por ningún concepto a Bartolomé, a Jacobo (Diego) y a Blanchinetta. El papel de 1489 tampoco consigna el apellido de Suzana. Nada dice de Blanchinetta; pero Harrisse objeta que las hembras no heredaban, sino que
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recibían en dote. Esto es un error, y aunque no lo fuera bastaba que esa dote saliese de la herencia para que el Domenico figiirase como administrador también de Blan- chinetta y ésta acompañase a los otros en la mención. El mismo documento no dice si Cristóforo, Bartolomé y Jacobo estaban o no ausentes, pero el Jacobo aparece en otro papel prestando su consentimiento a un acto de Dominico Colombo, y no se explica por qué no figura consintiendo la cesión de la casa a Bavarello, pues o era mayor de edad para los dos actos o no lo era i^ara nin- guno (i). Si no fuera por el respeto que el nombre y los prestigios del Sr. La Riega nos merecen, tendríamos motivos para sospechar que el apasionamiento por su idea le lleva a no proceder con la rectitud que corres- j)onde a un historiador serio, i Por qué no dice la fecha del papel en que Jacobo aparece prestando su consenti- miento a un acto de Domingo Colombo ? En primer tér- mino, en 21 de julio de 1489 actúa Domingo Colombo como padre y legitimo administrador de los bienes he- redados de su madre por Cristóbal, Bartolomé y Jacobo, y al no determinar, que se hallaban presentes, como se especificaba siempre en las actas notariales, es que se hallaban ausentes.
El acta a que el Sr. La Riega hace referencia está fechada en Saona el 17 de noviembre de 1491, y en ella "Domenico Colombo quondam lohannis" acusa re- cibo de sesenta libras a Nicolás Rusca, consintiendo Jacobo Colombo; este doaimento lo publicó el Sr. Ha-
(t) La Riega: Colón, esyañol, pág. 95-
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rrisse en el apéndice al tomo II, pág. 443, de su obra Christoforo Colonibo, y pertenece a aquellos que, por no parecer los originales, no tenemos nosotros en cuenta; pero al solo e/ecto de las observaciones del Sr. La Rie- {?a, hacemos presente que el documento de 21 de julio de 1489 está otorgado en Genova, y el de 17 de noviem- bre de 1491 se fecha en Saona ; de modo que, por razón del lugar, aunque los documentos tuvieran fechas pró- ximas, pudo muy bien estar Jacobo en Saona y no con- currir al acto de Genova, y por razón del tiempo, aun estando ausente de Italia, en más de veintisiete meses que median desde el 21 de julio de 1489 a 17 de no- viembre de 1491, tuvo sobrado tiempo para regresar a Saona, y de llegar a la mayor edad si era menor en la primera de las indicadas fechas, cosa de que ahora no hemos de ocuparnos, y por esto no figuró en el acta, consintiendo la cesión de la casa.
Como estos datos no pudo ignorarlos el Sr. La Riega, puesto que es la obra de Harrisse la que respecto a los documentos italianos le sirve de guía en sus estudios, es verdaderamente extraña la ocultación que Jiace de la fecha de 17 de noviembre de 149 1 y las consecuencias que saca del documento.
Respecto a que en el acta otorgada en Saona el 7 de agosto de 1473, ante el notario Pedro Corsaro, y no en Genova, como dice el Sr. La Riega (i), aparezcan sólo Cristóbal y Juan Pelegrino, autorizando el consen- timiento que su madre da a su marido, Domingo Co-
(i) Colón, español, pág. S9.
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lombo, para la venta de la casa de Puerto Olivella, no significa que el matrimonio no tuviera otros hijos, sino que éstos eran los que se hallaban a la sazón en Saona con condiciones legales para hacer renuncia de sus de- rechos sobre la expresada finca.
Juan Pelegrino debió fallecer antes del 21 de juHo de 1489, pues no figura ni en el acta de esta feoha ni en ningún documento posterior.
Si el Sr. La Riega, ya que no tuvo a la vista la Rae- eolia Colombina, publicada años antes que su folleto, hubiera al menos estudiado con detenimiento los docu- mentos que publicó M. Harrisse, habría encontrado en el que tiene fecha 26 de octubre de 15 17 la explicación del de 9 de julio de 1489, y el por qué no figura en él Blanchinetta ni estuviera representada por su padre.
En dicho día de 26 de octubre de 15 17, Jacobo Ba- varello emancipó a su hijo Pantaleón, de más de vein- tisiete años de edad ; el acta con que este hecho se prue- ba no la conoció M. Harrisse (i), pero sí la que se ex- tendió el nuevo día y por el mismo notario Juan Bau- tista Pariseia (2), y en la que consta que Jacobo Bava- rello se convino con su hijo Pantaleón respecto a la dote de la difunta Blanchinetta, madre de Pantaleón e hija de Domingo Colombo; es esta acta en extremo in- teresante, porque en ella se hace relación de la dote prometida en documento público por "Domenico Co- lumbi, textori pannorum lañe" a su hija Blanchinetta,
(i) Raccolta Colombina, parte II, vol. I, doc. CXI. (2) Christophe Colom, apéndice, tomo II, pág. 451. 94
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se declara ''quod ex dictis lacobo et Blanohinetta euis prima uxore iugalibus et in figura matrimonii habitan- tibus natus et procreatus fiierit de legiptimo matrimo- nio Pantaliniis filius legiptimus et naturalis dicti lacobi ex dicta Blanchinetta et cuius quondam Blanquinette dictus Pantalinus fuit et est unicus filius et heres in solidum", que sobre la valoración de los bienes de Do- mingo, surgió un litigio entre éste y Bavarello, no con- formándose aquél con la sancionada por el vicario del podestá, la cual aprobó al fin en 9 de enero de 1489, llegándose a una transacción en 21 de julio siguiente, haciéndose constar en el acta notarial ''quod contra dic- tum extimum per dictum Dominicum tanquam patreni et legitimum administratorem Qiristophori Bartholomei et lacobi filiorum ipsius Dominici ac filiorum et here- dum quondam Suzane eorum matris, olim uxoris dicti quondam Dominici fuerit ellevata canela et super boc diti fuerit litigatum per interdictas partes et iam facte multe et diverse expense", cede la propiedad de la casa a Bavarello, reservándose el que vuelva a ser suya, si antes del término de dos años le satisface la suma de doscientas cincuenta libras en que había sido apreciada. Aparte de estos conceptos y de que confirma la exis- tencia de las actas de 21 de julio de 1489 y 31 de marzo de 1492, la de 26 de octubre de 15 17, de que nos veni- mos ocupando, tiene también importancia, porque gra- cias a ella se prueban dos hechos de interés para nuestro estudio: uno el que en 15 17 se hallaba casado y esta- blecido en Genova un sobrino carnal de Cristóbal Co- lombo, hijo de su hermana Blanchinetta; otro el que,
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a consecuencia del litigio sostenido por Bavarello con Domingo Colombo y sus hijos Cristóbal, Bartolomé y Diego, fueron éstos desposeídos de la casa que, situada, según el acta de 31 de marzo de 1492 (i), '4n burgo Sancti Stephani, in carrubeo plani Arbicrorum, cui coheret ante carubeus ab uno latere domus lohannis de Palavania et ab alio latere domus Thome Carboni", que es la misma que en 18 de enero de 1455 ¡había dado en enfiteusis a Domingo Colombo el Monasterio de S. Ste- íano; asi decía el acta '4n burgo Sancti Stephani cuit coheret ante carubeus ab uno latere domus lohannis de Palavania ab alio latere, domus Antonü Bondi",-una de las casas vecinas había cambiado de dueño, pero la otra continuaba, al cabo de treinta y siete años, perte- neciendo a Juan de Palavania.
El término de este litigio, por el que los hijos de Domenico Colombo ven traspasar a extraños la <íasa que durante treinta y siete años perteneció a sus padres, y en la que ellos habían pasado su juventud, no podía dejar lazos de estrecha unión entre Bavarello y su hijo y los Colombos, máxime cuando había desaparecido el único que podía tmirlos, que era su hermana Blanchi- netta.
La tirantez de relaciones de familia que el litigio tuvo que producir expHca a los que creemos que los tres
(i) Por esta acta el procurador del convento de San Este- ban concede en enfiteusis la casa de referencia a Jacobo Ba- varello, transcurridos que fueron los dos años en que Domin- go Colón pudo, con arreglo a la transacción de 21 de julio de 1489, recobrar la propiedad mediante el pago de 250 libras.
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hermanos Colombos, de Italia, fueron el Almirante, don Bartolomé y D. Diego Colón, la omisión que ellos hacen en los testamentos, de la familia de su hermana, pudien- do referirse a ella la cláusula del de D. Cristóbal, por la que dispone que se atendiera al sostenimiento en Genova de una familia de su linaje, una vez que allí se encontraba entonces casado y establecido su sobrino carnal, el hijo de Blanchinetta, Pantolino Bavarello de Colombo.
La casa del barrio de San Esteban la adquiere Bava- rello como dote de su mujer, Blanchinetta ; fallecida ésta corresponde a su hijo Pantalino, el cual se la cede por el acta de, 26 de octubre de 1517a cambio de dos títulos de la Banca de San Jorge.
El Sr. La Riega, que en una parte de su trabajo ma- nifiesta que "lo único que se saca en limpio del estudio de los documentos notariales es que los italianos de ape- llido Colombo eran otros Lopes, no eran de los llamados de Colón con antecesores llamados de Colón (pág. 96) ; que en otra afirma que no hay necesidad de echar por tierra toda la historia de Colón, hasta presumir que ese Cristóbal Colombo, lanero en 1472, y que en otro do- cumento de 1473 figura con su hermano Juan Pelegrino, era sin duda persona distinta de la de Cristóbal Colón, descubridor de América (pág. 88) ; no sabiendo qué ha- cer con la familia gallega de Colón, la transporta a Por- tugal, sin decir cuándo, y después, en el período de 1456 a 59, la lleva a Genova, donde le alquila una casa pro- piedad del convento de San Esteban, en la vía Mulcen- to, y al cabo de cierto tiempo (no se entretiene en ave-
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riguar fechas) la traslada a Saona ; nada de esto existió más que en la mente del Sr. La Riega ; lo que los docu- mentos prueban, como hemos visto, es que el Domingo de Colombo, que en i8 de enero de 1455 adquirió (no alquiló) del convento de San Esteban la casa situada en el barrio de San Esteban, entre la Puerta de San Andrés y la vía Mulcento, es el Domingo de Colombo, tejedor de paños, casado con Susana Fontanarubea, hijo de Juan de Colombo de Moconexi, habitante en Villa Quin- ti en 1429, y padre de Cristóbal, Bartolomé y Jacobo de Colombo, y es el mismo Domingo de Colombo que se traslada más tarde a Saona, donde siempre le encon- tramos ejerciendo su oficio de tejedor de paños, y figu- rando en los documentos como hijo de Juan de Colombo de Moconexi ; no fueron, pues, los Colones gallegos los habitantes de la casa que fué del convento de San Es- teban, en la vía Mulcento, en Genova : los Colomhos que en ella vivieron (y en esto estamos conformes con el Sr. La Riega, aunque para deducir consecuencias com- pletamente opuestas) eran otros Lopes, no eran de los llamados de Colón de Pontevedra, sino los oriundos de Moconexi".
Volviendo al estudio de los documentos en que apa- rece Domenico de Colombo, hijo de Juan, o su familia, y siguiendo el orden cronológico, que hemos tenido ne- cesidad de alterar por la relación que entre sí guardan los anteriores, encontramos que en 18 de mayo de 1477 aparece en Genova "Dominicus de Columbo, textor pan- norum lañe quondam lohannis" otorgando un recibo de diez y nueve liras ante el notario Francisco Delfino, y
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en 2y de ^nero de 1483 apaFece también en Genova "Dominicus Colombiis quondam lohannis olim textor pannorum civis lanue" arrendando ante el notario Juan Bosio a Juan Bautista Villa una i>arte de la casa que adquirió en 18 de enero de 1455, del Monasterio de San Esteban. ;
De notar es que en 25 de agosto de 1487 aparece en Genova, siendo testigo en un acta, extendida por el no- tario Juan de Benedetti. "lacobo de Columbo, textore pannorum lañe enjanua, Dominici."
En 23 de agosto de 1490, "Domenicis Columbus, textor pannorum lañe quondam lohannis", da recibo a Juan Bautista Villa ante el notario Juan Bautista Pa- rissola de la cantidad que le debía por el arrendamiento de la casa sita "lamia in burgo Sancti Stephani in con- trata porte Sancti Andree".
De nuevo aparece en Genova, el 15 de noviembre de 1491, Domingo Columbo, "textore pannorum lañe quondam lohannis", en un acta notarial, siendo testigo de la venta de unas tierras, y en 30 de septiembre de 1494 ''Dominico de Columbo olim textore pannorum lañe quondam lohannis", testifica ante el notario Juan Bautista Parissola, en el testamente otorgado por Cata ■ lina Vernazza.
Este es el último documento que conocemos en que actúa Domingo de Colombo, hijo de Juan Colombo de Moconexi y padre de Cristóbal, Bartolomé y Jacobo de Colombo.
Domingo Colombo de Moconexi tuvo una hermana, Battistina, y un hermano llamado Antonio, el cual apa-
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
rece en Genova el 4 de junio de 1460 colocando de aprendiz, con Antonio de Plañís, sastre, a un hijo suyo llamado Juan; el acta extendida por el notario Juan Valdettaro no deja lugar a duda respecto al parentesco: ''Antonius de Columbo habitator villi Quinti potestade Bisamnis quondam lohannis" "lohnannetus filius dicti Antonii de Columbo etatis annorum quatordecim vel circa*', y figura como testigo ''Dominicus de Columbo frater dicti Antonii".
En 15 de marzo de 1462, en Genova y ante el notario Andrés de Cairo, Antonio Leverone, procurador de "lohannis de Columbo de Moconexi, habitator Pontis Plicanie dicti loci Font^nebone", da recibo de 50 liras a Pascuals y Miguel Piaggia, siendo testigos "Domini- cus de Columbo, textor pannorum lañe quondam lohan- nis et Benedictus de Columbo frater suprascripti lohan- nis de Columbo*'. •
Un tercer hijo de "Antoninus de Columbo de Quin- to", llamado Tomás, '*etates annorum xvi", aparee» en acta extendida en Genova en 22 de abril de 1471, por la que el padre lo coloca de aprendiz con Leonardo Va- razino, tejedor de paños de seda.
En 3 de septiembre de 1471, y según acta extendida en Genova por el notario Jacobo Rondanina, otro hijo de Antonio, llamado "Matheus de Columbo de Quinto, Antonini", se coloca en casa de Tomás de Levagio, "te- xitori pannorum septe", y, por último, en 7 de febrero de 1472, en Genova, ante el notario Jacobo Rondanina, ''Antonius de Columbo de Quinti quondam lohannis", coloca a otro hijo sityo, "Amijjrctus etates annorum xvi
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ií S i> AÑA, F A T R i A' 'Ú ''B ''''CÓ'L ^'í^
m circa'', como aprendiz en casa de Leonardo. Varazino, ''texitori di panni ne seta''.
Estos son los cinco hijos que aparecen de Antonio de Colombo, hermano de Domingo.
\fa hemos dicho que con objeto de que las conclusio- nes que se deduzcan del examen de las actas notariales no puedan ser impugnadas alegando dudas acerca de la autenticidad de los documentos, hemos eliminado de nuestro estudio todos aquellos cuyos originales no pue- dan ser compulsados; los que en extracto hemos mencio- nado tienen en buena crítica histórica que causar fe, a menos que mediante un estudio serio y técnico se pruebe su falsedad. *
Partiendo de esta base, y como sintesis de lo expuesto, podemos afirmar que en 1429 aparece ya en Genova un Juan de Colombo, habitante en Villa Quinti y oriundo de Moconexi ; que este Juan de Colombo tuvo dos hijos ; uno llamado Domingo, y otro, Antonio; que el primero' casó con Susana Fontanarubea, naciendo de este matri- monio cuatro hijos: Cristóbal, Juan Pelegrino, Barto- lomé y Jacobo, y una hija llamada Blanchinetta, que casó con Jacobo Bavarello; Juan Pelegrino murió joven, y lo mismo Blanchinetta, que dejó un hijo llamado Pan- taleón.
Hijos de Antonio de Colombo, hermano de Domin¿(D^' lueron Juan, Benedicto, Tomás, Mateo y Amigesto.
El acto por que tenemos primera noticia de Juan de Colombo de Moconexi fué el de colocar en Genova, en 1429, a su hijo Domingo, de once años de edad, como aprendiz de tejedor de paños; diez años después era ya
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PRÜDENCrO OTERO SANCHUZ
éste maestro en su oficio, y a partir de esta fecha su nombre consta en larga serie de actas notariales, ya como tejedor de paños, ya ejerciendo el comercio en Genova o Saona, hasta el 30 de septiembre de 1494, fecha del último documento, en que figura : el enlace que las actas tienen entre sí, el determinarse en ellas que Domingo era hijo de Juan y que ejercía el oficio de tejedor de paños, permite afirmar que el nombre de Domingo de Colombo que en ellas se menciona se refiere siempre a una misma persona, y, por tanto, que ni Juan de Colombo, ni su hijo Domingo, ni sus nietos Cristóbal, Bartolomé y Die- go, fueron inmigrantes en Italia, al menos en el siglo xv, sino que procedían de los de Colombo, establecidos en Moconexi.
Estos hermanos, Cristóbal, Bartolomé y Jacobo, hi- jos de Domingo de Colombo y nietos de Juan Colombo de Moconexi, ¿ fueron el descubridor de las Indias occi- dentales y sus hermanos Bartolomé y Diego? La dife- rencia de nombre del tercero de los hermanos no es óbice para aceptarlo, pues Diego es forma española del nom- bre Jacobo (i).
(i) En demanda presentada en Saona el 8 de abril de 150D por Sebastián de Cunes, reclamando una cantidad a "Chris- tophorum et lácobum frates de Columbis filios et heredes quondam Dominici eorum patris" (RaccoUa, doc. LXXXVIII), se dice del segundo "et lacobum díctum Díeghum"; este do- cumento, lo mismo que el otro referente al mismo asunto, doc. LXXXX, fechado en Saona en 26 de enero de 1501, en que se hace constar que "dictos Christophorum, Bartholomeum et lacobum de Columbis, filios et heredes dicti quondam Do- minici eorum patris, iam diu fore a civitate et posse Saone
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
En este estudio nos hemos propuesto atenernos úni- camente a los datos que arrojan las actas notariales, de- jando para otros trabajos el examinar las distintas fuen- tes de conocimiento que atestiguan que fué Genova la patria del gran navegante, sin que para reconocerla sea obstáculo la aparente diferencia entre el apellido Co- lombo y el de Colón ; ateniéndonos a este concepto, ha- remos notar que en la misma época aparecen en Italia tres hermanos: Cristóbal, Bartolomé y Jacobo o Diego, y que estos nombres tienen el Almirante y sus dos her- manos por el mismo orden de edad unos y otros: el mayor, Cristóbal; el segundo, Bartolomé, y el tercero, Jacobo o Diego, siendo de notar que ninguno de los tres aparece en Italia, cuando consta que su homónima se hallaba fuera de ella, y que el padre de los hermanos Colombo de Italia se llamaba Domingo, lo mismo que el del Almirante (i), circunstancias que ya por sí serían suficientes para hacer creer que eran unas mismas per- sonas, si no estuvieran corroboradas por otras de más valor probatorio.
Expuesto queda que Antonio de Colombo, hermano de Domingo de Colombo, tuvo cinco hijos, uno de ellos,
absentes ultra Pisas et Nitiam de Proventia et in partibus Ispanie conmorantes ut notarium fuit et est", fueron publi- cados por Julio Salinerius en sus Annotationes ad Cornelium Tacitum, Géova, 1602; pero no habiendo aparecido los origi- nales, los hemos eliminado de este estudio, en unión de otros que se encuentran en el mismo caso, por no ofrecernos garan- tías de autenticidad.
(i) Don Fernando Colón, Gomara y Oviedo afirman que el padre del Almirante se llamaba Domingo.
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PRUDENCIO OTERO SAN CHUZ
Juan, que probablemente tendría por segundo nombre el de Antonio, por ser el de su padre, ya que el primero era el de su abuelo, los cuales Mateo y Amigesto se re- unen en Genova el ii de octubre de 149Ó, y ante el no- tario Juan Bautista Peloso convinieron que Juan viniese a España en busca de '^Cristophorum de Columbo, ar- miratum regis Ispanie", siendo costeados los gastos por los tres hermanos en partes iguales; el objeto del viaje era reclamar del Almirante el pago de un crédito que contra él tenían, heredado sin duda de su padre, una vez que los tres tienen a él igual derecho, y acuerdan que si dicho Juan " recuperaba aliquam quantitatem pe- cunie", la cantidad recuperada debía partirla por igual coa sus hermanos Mateo y Amigesto (i).
La importancia de este documento es extraordinaria^ puesto que identifica al Cristóbal Colón de Italia y el de España, ''Cristophoro de Columbo, armiratum regis Hís- pame", le llaman sus primos hermanos, hijos de Antonio
(i) In nomine Domini amen. lohannes de Columbo de Quinto, Matheus de Columlx> et Amigetus de Columbo frates, quondam Antonii, scientes et cognoscentes, dictum lohannem ire debeat Ispaniam ad inveniendum dominum Christoforum de Columbo, armiratum regis Ispanie, et quascumque expensas per dictum lohannem fiendas causa inveniendi dictum domi- num Christoforum ommes tres frates superius nominatos esse debeat, et esse pro tercia parte et eas expensas partiré debeant, pro tercia parte ínter eos ocaxione predicta : et si dictus lohan- nes recuperaba aliquam quantitatem pecunie pro eundo ad dictum locum Ispanie pro inveniendo dictum dominum Chris- toforum, dictam quantitatem pecuniarum recuperandam per ipsum lohannem partiré debeat cum dictis Matheo et Amigheto
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ESPAÑA, PATRIA DE C O LO N
de Colombo, hermano de Domingo, padre de Cristóbal, Bartolomé y Diego ; es de todo punto inverosimil supo- ner que todo fueron coincidencias, y que el Cristó]?al de Colón de España, a pesar de todo lo expuesto, no tuviera relación alguna de parentesco con los de Colombo de Genova.
¿Se realizó el viaje de Juan de Colombo a España? La decisión de realizarlo se halla con^robada con el acta extendida el mismo dia que la anterior y por el mismo notario, en la que consta que Juan de Colombo de Quinto, sin duda para el arreglo de sus asuntos du- rante el tiempo que estuviera ausente, da poderes a su mujer, a sus hermanos Mateo y Amigesto, y a Agustín Ferraron.
No existen pruebas de que el viaje se efectuara, pero sí evidentes indicios de que se llevó a efecto.
Extinguida en 1575 la descendencia masculina de D. Cristóbal. Colón por muerte de D. Diego Colón y Pra- via, se promovió íargo pleito acerca de la sucesión en los
per terciam partem et sic restam de acordio. Renunciantes & que omnia ect sub pena dupli & ratis & et proinde ect.
Actum lanue^ ad bancum mei notarii infrascripti in platea Ponticelli anno a nativitate Domini millesimo quadringentesi ■ mo nonagésimo sexto, inditione decimaquarta secundum lanno cursum, die martis, undécima Octobris post nonam, presentib'js testibus Francisco Lardono scuratore pannorum, quondam Antonii et Augustino Baiocho laneiro quondam Baptiste ad premisa.
Archivio Notarile di Stato in Genova, atti del notare Gio- vanni Battista Peloso, filanza 5.*, núm. 775. (RaccoUa Colom- biana, parte II, vol. I^ documento LXXXIII.)
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
títulos de Duque de Veragua, Marquesado de Jamaica y Almirantazgo de las Indias (i) ; entre los que se creían con derecho a ella figuró un Baltasar Colombo de Cu- caro, que trató de probar su parentesco con el primer Almirante, por descender éste, según decía, de Lan^a Colombo, señor de Cucaro, y entre los argumentos que adujo fué uno de ellos que el Almirante sostenía corres- pondencia con sus parientes de Italia, y en su justifica- ción presentó, según consta en el Memorial del pleito (2) ''un inventario de letra antigua, y es simple y sin firma ninguna, del cual se aprovecha de una partida que dice una carta: ''De li Colombi para el primer Almirante", fecha en Genova el año 1496. La coincidencia del año hace sospechar si la carta sería escrita por el Juan Co- lombo ; pero como no queda de ella más que esta refe- rencia, sólo a título de indicio la hacemos «onstar.
El 30 de mayo de 1498 emprendió D. Cristóbal Colón su tercer viaj» de descubrimiento; llevaba seis navios, y capitán de uno fué un Juan Antonio Colombo, del que dice Las Casas que ''era genovés, deudo del Almirante, hombre muy capaz y pudiente, y de autoridad, y con quien yo tuve frecuente conversación" (3) ; de todos es
(i) "Memorial del pleito sobre la sucesión en posesión del Estado y mayorazgo de Veragua, marquesado de Jamaica y Almirantazgo de las Indias, que fundó D. Cristóbal Colón, primer descubridor, almirante, virrey y gobernador general dellas." (Academia de la Historia. Colección Salazar, est. 8.°, grada 3-*-S-53-)
(2) Fol. 180.
(3) Historia de las Indias, lib. I, cap. (^XXX.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
conocida la justiñcada autoridad que tienen las afirma- ciones del Padre Las Casas ; podrá dudarse de los re- latos que allí le hicieran y que, como verídicos, acogió en su historia ; pero lo que él afirma que vio o conoció directamente tiene un valor incuestionable, pues siem- pre que ha sido posible la comprobación se han visto confirmados sus asertos; por esto tiene excepcional im- portancia la afirmación de que tuvo frecuente trato con el Juan Colombo (no Colón, sino Colombo), y que éste era genovés y deudo del Almirante.
De todos los que han estudiado la historia del descu- brimiento, es sabido que D. FeVnando Colón escribió una Historia de la vida y hechos del Almirante, su padre; que esta historia fué traducida al italiano y pu- bhcada en Venecia en 1571 por Alfonso Ulloa (i), y que percfido el original de la obra de D. Fernando sólo la conocemos por esta edición, que es la que ha servido para otras tiradas y para las traducciones que se han hecho en diversos idiomas ; en el cap. LXV, y hablando de los navios que el Almirante llevaba en su tercer viaje, dice que el tercer navio lo mandaba im ''Giovanni An- tonio Colombo, su pariente"; resulta, pues, comprobado que el Juan Antonio Colombo, genovés, era pariente del Cristóbal Colón, descubridor de las Indias occidentales.
Juan Antonio Colombo debió regresar a Europa poco
(i) Histüirc—átl Sr. D. Fernando Colombo— nelk quali sita particolare e vera relatione delta vita e de falta del Anime- ragli D. Christophoro Colombo, sno padre.
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después de su arribo a La Española, porque no figura nunca en los sucesos que en ella ocurrieron después de la vuelta a España de cinco de los s^is barcos que llevó el Almirante en su tercer viaje, por lo que es lo más ve- rosímil que uno de esos cinco barcos fuera el que él mandaba.
En 1508, según alegó Baltasar de Colombo en el pleito sobre la sucesión en el Ducado de Veragua, D. Fernando Colón otorgó un poder a favor de su hermano D. Diego y de Juan Antonio Colombo (i), y en la declaración he- cha el 24 de febrero de 15 15 por el Padre Gaspar Go- rricio, de la última voluntad de D. Diego Colón, se hace constar que el testador habia mandado que se diesen "cient Castellanos de oro a Juan Antonio Colón" ; el Padre Gorricio le llama Colón; pero D. Diego, en la minuta de su última voluntad, que en los días 19 y 20 hizo escribir al Padre Gorricio, sólo le dictó ''a Juan Antonio'*, sin nombrar apellido; fué el Padre Gorricio el que, al dar forma el día 24 a la minuta, transcribiendo al español el apellido Colombo, le llamó Colón (2).
Este Juan Antonio Colombo, ¿es el mismo Juan Co- lombo que hemos visto que se proponía en 1496 venir a España para visitar al Almirante ? No lo podemos afir- mar, atmque parece probable que así sea, habida cuenta que, según ya quáJa indicado, el padre de Juan de Co-
(i) Memorial del pleito, fol. 179 V.
(2) Ambos documentos están publicados íntegros en la Raccolta Colombiana, parte II, vol. I, documentos CIV y CIX.
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lombo se llamaba Antonio, y es muy verosímil que si éste quiso que su hijo llevara el nombre de Juan, por su abuelo, le diera el suyo como segundo ; de todas suertes, sean uno mismo o dos distintos, encontramos compro- bado por esta relación de parentesco entre los Colombos de Genova y los Colones de España, que el Almirante y sus hermanos Bartolomé y Diego eran los hijos del Do- mingo de Colombp de Moconexi y de la Susana Fonta- narubea, que figuran en las actas notariales de Italia (]ue han sido objeto de este estudio.
También en el orden económico encontramos datos que confirman la identidad que hemos hallado en el de la familia.
En 28 de marzo de 1479, Domingo de Columbo y su hijo Cristóbal fueron condenados por sentencia arbitral, según queda ya expuesto, a satisfacer 35 liras a Jeróni- mo del Puerto ; este pago no consta que llegara a efec- tuarse.
El 19 de mayo de 1506, poco antes de morir, otorgó el Almirante testamento en Valladolid, agregando a él una relación, escrita de su puño y letra: "de ciertas per- sonas a quien yo quiero que se den de mis bienes lo con- tenido en este memorial, sin que se le quite cosa alguna de ello, Hacele de dar en tal forma que no sepa quién se las manda dar." Las deudas que por esta nota se man- dan satisfacer parecen ser anteriores a las capitulacio- nes de Santa Fe ; la cláusula mandando que se guardase secreto demuestra el deseo de D. Cristóbal de que no 5C llegara a identificar al aventurero que contrajo las
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
deudas con el Virrey y Almirante de las Indias occi- dentales.
La relación se encabeza diciendo: ** Primeramente a los herederos de Gerónimo del Puerto, padre de Benito del Puerto, Chanceller en Genova, veinte ducados o su valor." Como se ve, se trata del pago de una deuda, puesto que no se deja como legado a Benito del Puerto, sino a los herederos de su padre, Jerónimo del Puerto, que es el mismo a quien Domingo de Colombo y su hijo Cristóbal quedaron obligados, por la sentencia arbitral de 28 de marzo de 1470, a satisfacer las 35 liras, canti- dad igual o aproximada a los 20 ducados.
No sabemos si D. Diego Colón intentó cumplir la vo- luntad de su padre; probable es que para este y otros asuntos de familia fuera para lo que tuviese un apode- rado en Saona, pues respecto de la existencia de éste no deja lugar a duda el acta levantada en Saona el 30 de marzo de 15 15 por el notario Simón Capello y en la que consta que León Pacaldo, procurador del magnífi- co señor "Didaci Collón" delega el poder que éste tenía en Antonio Romanan ; pero tuviera el procurador el en- cargo del cumplimiento de estas obligaciones o de otras, lo cierto es que no llegó a satisfacerse ninguna de las contenidas en la relación del Almirante, pues ésta la in- cluyó íntegra D. Diego Colón en el testamento que otor- gó en Santo Domingo el 8 de septiembre de 1523, di- ciendo al final de ella: ''el qual dicho memorial quiero que se cumpla e pague como en él se contiene, por ma- nera que su anima (la del i.*"^ Almirante) y la mia salgan de cargo."
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
No creemos necesario insistir en la importancia *de estos documentos, que a nuestro juicio confirman cuan- to hemos expuesto acerca de que el Almirante y sus hermanos fueron hijos del Domingo de Colombo y Su- sana Fontanarubea, y nietos de Juan de Colombo de Moconexi. — ^Angel de Altolaguirre y JDuvale."
VI
PLEITO ACADÉMICO
Creo que cualquiera en mi lugar se hubiera dirigido a la Prensa, que es tribuna pública,' protestando de este proceder ; pero como mis años han aplacado los Ímpetus juveniles, me pareció más oportuno dirigirme al señor Altolaguirre con la siguiente carta:
I
"Abril 2 de 1918. Excmo. Sr. D. Ángel Altolaguirre. Madrid. De toda mi consideración: En el Diario de Pontevedra de fecha 14 Qei corrien- te, que me permito acompañar, se ha publicado un co- municado del Sr. D. Casto Sampedro, socio correspon- diente de esa Real Academia, por el cual me he entera- do que el finado Sr. Oviedo Arce había presentado a la Ral Academia Gallega, y publicado en su último Bole- tín, lyi informe referente a la tesis proclamada por el
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
también finado Celso Garcia de la Riega en su obra Colón, español, y que usted, como presidente de la Co- misión nombrada por la docta Corporación a que per- tenece para venir a esta capital a informar sobre el mismo asunto, habia publicado en el Boletin de esa Real Academia un articulo proclamando la patria genovesa üel gran Almirante.
II
Al aparecer simultáneamente en las dos últimas re- vistas de la Academia de la Historia y de la Academia Gallega esos trabajos, debo suponer que, aunque muy diferente el uno del otro, tienden a un mismo fin, cual es el dar por muerta la tesis de Garcia de la Riega, continuada hoy por mis modestos trabajos, y como un anticipo al juicio que la Comisión de que usted es pre- sidente, había de emitir sobre asunto de tal magnitud.
III
Como por regla general estas revistas sólo las reci- ben y las leen los consagrados como académicos, me hu- biese quedado sin conocer lo que al asunto de Colón, español, se refiere, si el Sr. Sampedro no hubiese tenido la ocurrencia de hacérmelo saber por el comunicado que menciono en el párrafo I, y aun así y todo he debi- do aguardar hasta hoy, que pude proporcionármelas, para enterarme detalladamente de ellas.
114
ESPAÑA, PATRIA DE COLON
IV
Debo confesar ingenuamenete que no me animo a contestar al informe del Sr. Oviedo Arce, porque no acostumbro a controvertir con nadie agrediendo e in- sultando, ni soy capaz de poner en práctica aquel pro- verbio español que dice *'a moro muerto gran lanzada'' ; no lo seguiré por esa senda, y me parece mucho más hon- roso dejarlo en paz en su tumba, limitándome a decir que su obra postuma no es una obra mala, sino una mala obra; y que deben contestarla los deudos de Gar- cía de la Riega, para vindicar la honra y el buen nombre de éste, que les pertenecen.
Debo confesar también que no me ha parecido propio que usted, después de haber aceptado y ofrecido venir a esta capital presidiendo la Comisión "que tiene que informar a la Academia de la Historia sobre el recono- cimiento y examen de documentos y apreciar, además de su autenticidad, el verdadero valor testifical de todos los antecedentes que se les consulte y estudien, para dar testimonio y fe de los unos e informe crítico y cien- tífico (a la Real Academia) de su importancia demos- trativa, con el propósito de llegar a la solución por to- dos tan deseada y de punto tan trascendental en la
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PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
Historia", como así decía el sabio Padre Fita, en su comunicación del i6 de julio de 191 7, al presidente de la Asamblea magna Pro-Patria Colón y presidente de la Diputación provincial, no me. ha parecido propio, re- pito, que se haya lanzado usted de antemano a emitir su juicio antes de cumplir su cometido con los demás aca- démicos que integran la Comisión.
VI
Pero así como no quiero contestar al trabajo del fina- do Sr. Oviedo Arce por las razones que dejo expuestas en el párrafo IV, tengo que manifestar también que sería una verdadera falta dejar pasar en silencio el jui- cio crítico que le merece a usted la obra de' Colón, espa- ñol, de García de la Riega, pues ese juicio es emitido con delicadeza, con finura, con altura de miras, con co- nocimiento perfecto de lo que se relaciona con la ge- nealogía italiana de Cristóbal Colombo, y que desde el principio hasta el fin revela al sabio, al hombre que sin pasiones pesa el pro y el contra de toda controver- sia, aquilatando hasta en sus mínimos detalles todo aque- llo que debe aprovechar para sostener su tesis, sin herir el amor propio, la sabiduría ni la delicadeza del que de- fiende la tesis contraria.
Así, pues, con verdadero deleite he leído su traba- jo, y me es agradable confesar que lo he hallado tan acabado que, parodiando a nuestro inmortal poeta, ter-
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
miné diciendo: ''como obra de sabio, al fin obra maestra".
Bien recuerdo aquel otro proverebio que dice: "Si el sabio censura, malo; si el necio aplaude, peor"; pefo usted me perdonará si me atrevo a decir que no estoy en ninguno de los dos casos ; soy un hombre que emite sus opiniones de buena fe y sin modestia, porque es una forma de la hipocresía, y me conceptúo capacitado para discurrir con lógica y demostrar que Cristóbal Colón es español, con mayor suma de indicios que los que han preparado y adobado en Italia para probar que es de Genova.
. Y en este momento se me ocurre hacer la misma ob- servación que el Almirante hacía a los Reyes Católicos en una de sus cartas: "Pudiera ser que V. A. y todos los otros que me conocen y a quien esta escritura fue- se mostrada, que en secreto o públicamente me repren- henderan de reprehensiones de diversas maneras, de non doto en letras, de lego, de marinero, de hombre mundanal, etc. Respondo aquello que dijo San Mateo: "Señor que quisistes tener secreto tantas cosas a los "sabios y revelástelas a los inocentes." Digo que el Espíritu Santo obra en cristianos, judíos y moros y en todos otros de toda secta, y no solamente en los sa- bios, mas én los ignorantes, que en mi tiempo yo he visto aldeano que da cuenta del cielo y estrellas y del curso de ellas mejor que otros que ya gastaron dinero en ello."
Así sucedió al Almirante, que después de discutir con todos los sabios de aquella época en Portugal y en Es-
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
paña, sin que ninguno le comprendiera, y cuando ya se disponía a marchar a Francia para ofrecer el descubri- miento del Nuevo Mundo, basando su argumentación, más que en la ciencia, en las ideas de un iluminado que bullían en su cerebro, pudo conseguir que aquella Rei- na Católica viese con los ojos del espíritu lo que los hombres de ciencia no pudieron ni supieron ver.
Ojalá sea yo el que tenga la dicha de inculcar en los cerebros de los hombres consagrados a la Historia toda la labor que aquel grande hombre hubo de hacer para ocultar hasta la tumba el secreto de su nacimiento, di- ciéndose siempre extranjero.
VII
El árbol genealógico de Cristóbal Colombo arreglado en Italia, en cuyas doctrinas usted se apoya, no es ni puede ser el del almirante Cristóbal Colón.
Usted mismo nos aporta la prueba al decir que "Su abuelo, Juan Colombo, tuvo dos hijos: Domingo y An- tonio, que se apellidaban Colombo, siendo el primero de esos hijos el. padre que en la genealogía le dan a Cristóbal ; y el primer documento de prueba que usted aporta es el acta notarial de 27 de febrero de 1429, en que Juan (abuelo que le dan al Almirante) concede li- cencia a su hijo Domingo (padre del Almirante) para que entre de aprendiz de lanero antes de los once años de edad. Todos los historiadores de alguna seriedad es- tán conformes en que el Almirante tenía más de seten-
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ta años cuando falleció en 1506 y, por lo tanto, debió de nacer antes de 1436 (yo creo que bastante antes, y lo demostraré cuando llegue el caso, hasta fisiológica- mente). Ahora bien ; si nació en 1434 ó 1435, es indis- cutible que Domingo Colombo se casó con Susana Fon- terosa cuando más en 1433 ; es decir, cuatro años des- pués de entrar de^aprendiz de lanero y, por lo tanto, entre los trece y los quince años. ¿Y cree el Sr. Alto- laguirre y los demás señores académicos en tal preco- cidad genésica ? ¿ Cree también que en aquellos tiempos y aun en los actuales un pobre obrero dejara casar a su hijo a esa edad? No es entonces ni puede ser el des- cubridor de las Indias occidentales el Cristóbal Colom- bo a que se refiere esa genealogía colombiana.
Por otro lado, ¿ cómo hemos de aceptar que la genea- logía de los Colombo se convierta en la de Colón? ¿Es posible que un hombre que hace una institución mayo- razga de una importancia tal como no habría otra en el mundo si se cumpliesen religiosamente sus estipula- ciones, fuese a mentir respecto a su verdadero linaje llamándose Colón y no Colombo? ¿Quién está autori- zado para variar su apellido? ¿Basta sólo decir, como Antonio Herrera, que por más fácil o cómoda pronun- ciación se le llamó Colón? <j Acaso, como opinan otros historiadores, castellanizó su apellido?
Me parece hasta inocente (por no decir ridículo) el sniponer ambas cosas.
Tan fácil es decir Colón como Colombo, y si caste- llanizase su linaje, se llamaría Cristóbal Palomo, que es la significación de Colombo.
lid
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
Yo necesito ''que se busque en cualquier cabo del Mundo (como dejó estipulado repetidamente en su ins- titución mayorazga, único documento que hace fe en España) aquel que lleve y hayan llevado sus antepasa- dos el apellido de mi linaje verdadero de los de Colón".
Si se encuentran en aquella época en Genova, Italia tendrá la gloria de ser la cuna de Colón; pero si allí no existían y sí en España, ¿por qué hemos de dejar arrebatarnos esa gloria?
VIII
Bien comprendo que formar en la actualidad un ár- bol genealógico en España de Cristóbal Colón es, por no decir imposible, difícil, pues si en Genova se ha tar- dado más de un siglo para arreglarlo solamente desde su abuelo, cuando no debió dejarse pasar un año sin que lo hiciesen sus hermanos Bartolomé y Diego, ¿qué no sucederá hoy que han transcurrido más de cuatro si- glos? Pero si no podemos hacer un árbol genealógico, podemos muy bien asegurar que fué español, y en es- pañol debemos pensar y no en italiano, pues nosotros (los que piensan como yo) tenemos hechos del Almiran- te que forman una prueba plena de que fué aquí su cuna.
Muchos de los documentos italianos han sido rear- güidos de falsos, y el mismo lujo de detalles que en ellos se han estampado y que usted tan minuciosamente enumera, son más bien prueba de que fueron arregla- dos a posteriori, que no fehacientes.
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IX
Debo suponer que al publicar usted su trabajo en la revista oficial de esa Real Academia, ha sido con la conformidad de sus compañeros de Comisión y, por lo tanto, han establecido ustedes un prejuicio anticipando su opinión antes de cumplir su cometido, y me hace creer que, siendo ustedes personas serias, han querido inhibirse por medio de este procedimiento (que con to- dos los respetos debidos califico de impropio) de venir a esta capital para emitir un informe respecto a los da- tos que se presentasen y consultas que se le hiciesen, como ha sido acordado por esa docta Corporación.
Pero he aquí que no encuentro en ese trabajo más que la genealogía que todos conocíamos desde niños (aunque no con la copia de detalles con que usted nos la pre- senta), de Cristóbal Colón, y que como toda la contro- versia que se había establecido en aquella época era referente a los distintos puntos de la República de Ge- nova en que se quería declarar su cuna, no tenía enton- ces España mayor interés en que fuese de Genova o de Ancona, como ha querido demostrarse en un folleto pu- blicado hace pocos años por el actual presidente de la Academia, excelentísimo señor marqués de Laurencín; pero hoy que tenemos tales indicios que dan una fuerza de plena prueba, que creo es irrefutable, procediendo con buena fe y dejando a un lado completamente los prejuicios que la Historia nos ha enseñado, no es posi-
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ble que la Real Academia de la Historia deje de enviar la Comisión ofrecida, y que tanto yo como todos los se- ñores que forman la Comisión Pro-Patria Colón no recusamos, y, por el contrario, deseamos conferenciar con ella para que informe respecto a las consultas que se le tienen hechas y demás que se hagan después de aquilatarlo todo. Y aun pedimos más: y es que a esa Comisión sé agreguen uno o dos miembros de la Socie- dad Geográfica para que dictaminen sobre puntos que consideramos esenciales en nuestra tesis.
X
Bien, pues, Sr. Altolaguirre. El objeto de esta carta que me tomo la libertad de dirigirle y que ya va resul- tando más extensa de lo que me imaginaba, es rogarle que a pesar del prejuicio que establece su trabajo, no por eso deje de venir a ésta la Comisión nonlbrada, pues es tan grande la convicción que tenemos de que el Al- mirante no ha podido ser genovés y sí español, que es- tamos seguros de que han de contribuir ustedes, pen- sando en español y no en italiano, a que se rectifique la Historia, recabando para nuestra patria la gloria de haber sido la cuna de Colón.
Y creemos que tiene que hacerse esa rectificación si nosotros demostramos: 'i^') <- / n^ •
i.° Que Cristóbal Colón no es Colombo.
2.** Que en Genova no existía en aquella época nin- gún Colón.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
3.* Que no es posible que Cristóbal Colón fuese hijo de Domingo Colombo.
4.° Que el hombre que ha dicho *'que tanto él como sus antepasados fueron hombres de mar", no puede haber sido aprendiz de cardador de lana ni lanero, ni tampoco su padre ni su abuelo.
5.** Que Cristóbal Colón apareció en la Rábida ha- blando español.
6.° Que los caracteres gráficos de la letra de Cris- tóbal Colón han sido siempre pura y netamente espa- ñoles, y que difieren de la letra italiana de su época.
7.° Que no es posible que un italiano haya bautiza- do con nombres españoles las tierras que descubría, sin dar a ninguna nombre que recordase a Genova u otra capital de Italia.
8." Que no se concibe que siendo italiano precin- diese de la indicación que le hacían de que nombrara "La Castellana" a una isla y le pusiese "La Española", y a otra "La Gallega".
9.° Que además de utilizar nombres de todas las cofradías de Pontevedra, llevó su cariño a la tie- rra que le vio nacer empleando los del principio y fin de nuestra ría, y que seguramente no se encuentran juntos en ninguna ría del mundo.
lo.' Que Bartolomé Colón, hermano del Almiran- te, estuvo en Galicia el año del fallecimiento de éste, sin duda a cumplimentar enaargos reservados de aquél, sin tener otra causa justificada para hacer este viaje.
ii.° Que existe la tradición en Porto Santo de que allí nació el que descubrió las Américas, y cuya demos-
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tración es una parte de los importantes trabajos que presentará a esa Real Academia el socio correspondien- te de la misma Sr. Fernández Gil; y en fin, otra mul- titud de indicios que seria prolijo enumerar, pero que forman una plena prueba. Si después de aquilatarlos todos, se persiste en sostener la patria genovesa de Cris- tóbal Colón, será porque se haya encontrado forma de desvirtuar nuestras demostraciones, convenciéndonos del error en que nos hallamos.
Esperando de su caballerosidad se digne honrarme con una breve contestación, manifestándome si la pu- blicación de su trabajo en la Revista de la Academia de la Historia implica el desistimiento o no de venir la Comisión nombrada a esta capital, aprovecho esta opor- tunidad para ofrecer a usted las seguridades de mi con- sideración más distinguida, a la vez que me suscribo de usted aftmo. s. s., q. b. s. m., (Firmado.) Prudencio Otero Sánchez."
Pocos días después de recibida mi carta anterior por el Sr. Altolaguirre, recibí una de mi distinguido amigo el vSr. D. Luis Tur y Paláu, miembro de la Sociedad Geográfica Española, en la que me comunicaba que su amigo el Sr. Altolaguirre le había leído dos párrafos de ella, por los cuales se encontraba molestado ; y, por las referencias que me hacía, deduje que debían ser el V y IX. Declaro que no encuentro en ellos nada que sea molesto y no sea verdad ; pero que mi ánimo no ha sido el desazonarle, sino por el contrario, deseaba bus- car una fórmula para alcanzar mi propósito, que era
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el de que viniera la misma Comisión nombrada por la Academia. De todas suertes, me pareció correcto escri- bir al Sr. Altolaguirre manifestándole que si en mi car- ta del 2 de abril encontraba algún párrafo, concepto o frase que le molestase, que lo suprimiese, y rogué al se- ñor Tur, en carta que le dirigí, diese en mi nombre al Sr. Altolaguirre la satisfacción más cumplida que le exigiese.
En virtud de este proceder, que conceptué correcto, tuve el gusto de recibir la siguiente contestación de este señor :
"Madrid, 26 de abril de 1918. Sr. D. Prudencio Otero.
Muy señor mío y de toda mi consideración : La cir- cunstancia de haber estado en Córdoba nuestro común amigo D. Luis Tur, ha hecho que hasta ayer no haya podido entregarme su atenta del día 13, que desvanece por completo la pequeña molestia, debida tal vez a un exceso de suspicacia mía, que algunos párrafos de la suya del día 2 me ocasionó ; dejado a un lado este in- cidente sin importancia, paso a contestar algunos extre- mos de su carta, sintiendo que mis muchas ocupa- ciones no me permitan hacerlo con la extensión que me- recen. ' : '
Por la Memoria del secretario de la Academia, que le remito por correo, podrá usted apreciar que desde el 4 de enero he dejado de pertenecer a la Comisión que ha de dictaminar sobre el asunto de Colón, y la razón es sencilla: cuando se acordó que la Comisión fuera a
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Pontevedra, se consultó a varios académicos que no aceptaban por razones muy atendibles. Los nombrados, a pesar de nuestro buen deseo, no pudimos realizar el viaje; el Sr. Ureña estaba tomando las aguas en Medi- na ; Bonilla, en Asturias ; Paz, en Madrid, y yo, en Rei- nosa. Nos habiamos dado cita en Pontevedra en dia de- terminado, cuando estalló la huelga y sucesos de Ma- drid que me obligaron, por mi empleo militar, a regre- sar precipitadamente a la Corte; como las regiones as- turiana y gallega fueron las últimas en sosegarse, y yo no podía ausentarme de Madrid sin exponerme a tener que regresar el día menos pensado, dejando incompleta la Comisión que presidía, tuvimos que aplazar el viaje, y cuando se reunió la Academia, acordó, como dice la Memoria, proponer a la Diputación las soluciones que se indican. Como se ha enviado copia de los documen- tos y el problema ha quedado reducido a informar acer- ca de su autenticidad (contamos aquí con persona de tanta autoridad como paleógrafo, como el Sr. Vignáu, director que ha sido del Archivo Histórico Nacional), propuse, y la Academia acordó, que la Comisión que de- bía nombrarse (cesando la anterior) la presidiese el se- ñor Vignáu, y de ella formase parte el Sr. Menéndez Pidal, cuya competencia es notoria; quedé, por tanto, desligado de toda participación en el informe, y esto me permitió escribir el trabajo que usted conoce, que leí en la Academia, haciendo yo constar, cuando se acordó que se imprimiera en el Boletín, y así figura en acta, que recabaría para mí toda la responsabilidad de mis juicios, pues la Academia no podía hacerse solidaria
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de ellos por tratarse de un tema que era objeto de de- bates y sobre el que tal vez tuviera que dictaminar más adelante, aunque de presente sólo se trata de iníormar acerca de la autenticidad de los documentos.
Entrando en materia, aunque muy brevemente, diré que a todos satisfaría en extremo que se probase que Colón fué español ; hoy, la gloria del descubrimiento te- nemos que compartirla con Italia; si hubiera nacido en Pontevedra, toda seria nuestra; pero, desgraciadamen- te, no sólo no veo fundamentos en que apoyarlo, sino que temo que mientras más se hable del asunto y más se vulgaricen los argumentos de Ga-rcia de la Riega, mayor va a ser el ridiculo en que el nombre español va a quedar. I ,
Creo fundadamente que el Sr. Garcia de la Riega, con sus aparatosas elucubraciones, les ha sugestionado a ustedes, y que exaltados por un loable sentimiento pa- triótico no conservan la serenidad de juiciá) para juzgar con imparcialidad el valor de los argumentos aducidos en pro y en contra de la teoría del Sr. Garcia de la Rie- ga, y prueba de ello es la insistencia de ustedes en re- cusar por falsas las actas italianas; creo que, como us- ted dice muy bien, no aparece en mi trabajo más que la genealogía que todos conocíamos desde niños, y cier- tamente que dándola por todos conocida yo no me hu- biera ocupado de ella si no me hubiera encontrado con que persona tan docta como el Sr. García de la Riega demuestra de ella tal ignorancia y tergiversa de tal modo lo que los documentos dicen que, como yo expongo en mi artículo, si no fuera por el respeto que su memoria
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me merece, habría de juzgarlo con gran severidad, pues hay hechos en que no puede alegarse ignorancia ni dis- crepancia de criterios.
He eliminado de mi trabajo todas aquellas actas cuyo origen pudiera hacer dudosa su autenticidad. De los que yo tomo por base, nadie ha dudado: todos tienen la cita del protocolo donde el original se conserva; no cabe reputarlos por falsos sin demostrar que lo son. ¿ Qué diría usted si yo, sin estudio previo, sin más an- tecedentes que el parecer más o menos acertado de al- gunos críticos, rechazara el ocuparme de las actas de Pontevedra sólo porque se dice que están enmendadas?
Considera usted que el lujo de detalles que en las actas se ha estampado son prueba de que fueron arre- gladas a posteriori. Su observación tendría fundamento si esos detalles apareciesen sólo en las actas de los Co- lones; pero como constan en todas las de la época, le- jos de ser motivo de duda, lo es de autenticidad.
El lujo de detalles, como usted le llama, es precisa- mente lo que yo considero más importante de mi tra- bajo, porque merced a él se demuestra de un modo que no ofrece lugar a duda la autenticidad de las personas y la relación de los hechos ; ligan de tal manera los su- cesos, que impiden injertar, como pretendía el Sr. La Riega, la supuesta familia de Colón pontevedrés con los Colombos habitantes de la vía Mulcento, y guardan en- tre sí tal relación los hechos que en las actas figuran, que las unas dan valor de autenticidad a las otras, y como se encuentran en Genova unas, en Saona otras, y en tan diversas notarías y tomos de protocolos, forman
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un block que constituye una prueba plena de su auten- ticidad, salvo, como es natural, que un estudio técnico demuestre lo contrario.
Otros temas aduce en comprobación de su teoría; es imposible discutirlos por carta, y ya ésta va siendo demasiado extensa, y ni yo puedo disponer de más tiempo ni tengo derecho a abusar de su paciencia.
Se ofrece de usted atto., s. s., q. s. m. b.,
Ángel de Altolaguirre."
Esta carta fué contestada por mí en los siguientes términos :
* "Mayo 4 de 1918.
Excmo. Sr. D. Ángel Altolaguirre Duval.
Madrid.
Muy señor mío y de toda mi consideración: Su muy atenta del 26 de abril próximo pasado ha sido en mi poder a su debido tiempo ; pero no así la Memoria anual de la Real Academia de la Historia, de 15 del citado mes, que la recibí el i." del actual.
Quedo muy reconocido a su atención al contestar mi carta del 2, y mucho más de que le haya satisfecho la cumplida satisfacción que tuve el gusto de ofrecerle en la mía del 13 respecto a la pequeña molestia que le pro- dujeron algunos párrafos de la primera, que desde lue- go puede dar por suprimidos.
Pero he aquí que al enterarme de lo que expresa la Memoria que usted ha tenido la bondad de enviarme,
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encuentro en sus páginas 17 y 18, respecto al asunto Colón, que el Sr. Pérez Guzmán, o la Real Academia, o usted mismo, han sufrido un error al interpretar la comunicación que con fecha 22 de diciembre del año último dirigió , a esa docta Corporación el Presi- dente de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, D. An- tonio Pazos, contestando a la que le había sido envia- da el 20 de octubre del mismo año.
En ésta, la dirección de esa Real Academia le co- municaba que en vista de las dificultades que había te- nido para poder venir a esta capital la Comisión nom- brada, a consecuencia de la huelga ferroviaria, había acordado proponer una de las tres soluciones siguien- tes: ''1.° El aplazamiento de la venida de la Comisión hasta alcanzar ocasión propicia para que llevase a cabo la misión que se le había encomendado. 2.° La remisión a Madrid, con las seguridades y garantías necesarias, de los documentos originales, para su debida inspección y examen. Y 3.° Renunciar a un encargo que no había medio de desempeñar."
Como es natural, la Comisión Pro-Patria Colón, des- pués de examinar estas tres proposiciones, y aun sin- tiendo la demora, contestó la primera en términos que, en mi concepto, no admiten duda, y son los siguientes :
"Aceptar la primera de las soluciones propuestas por esa Real Academia, rogando a V. E. haga presente a la Comisión elegida de su seno el vehemente deseo que esta Comisión tiene de que no pase el año próximo de 19 1 8 sin que se realice el viaje suspendido."
Me parece que está bastante clara la decisión de esta 130
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Comisión; pero una vez que ha habido error de inter- pretación, deseamos que esa Real Academia reforme el acuerdo tomado a petición de usted, a cuyo efecto se le dirige la comunicación que en copia me permito acom- pañarle, esperando de su caballerosidad la apoye, y si usted, por cualquier circunstancia especial, no quisiera o no pudiera venir presidiéndola, como sería nuestro deseo, no por eso deben dejar de venir aquellos señores que habían sido designados por el inolvidable sabio Pa- dre Fita. .
Hay que advertir que esta Comisión Pro- Patria Co- lón no conoce a ninguno de los señores designados, y yo, no solamente no tengo el honor de conocer a ningu- no, pero ni siquiera a ninguno de los señores que for- man esa Real Academia.
No me atrevo a contestar en extenso su muy aprecia- ble del 26 próximo pasado por temor a molestarle, y me concreto solamente a rogarle encarecidamente apoye nuestra pretensión, ya que usted debe reconocer que en realidad de verdad, el acuerdo tomado por la Real Aca- demia no responde, ni a lo que ella misma propuso en su comunicación del 20 de octubre, ni a los deseos del Padre Fita, ni a los de esta Comisión, que tiene una fe ciega en que del profundo estudio de crítica histórica que tiene que hacer en este asunto la Comisión de la Real Academia, ha de resultar, obrando como espera- mos, sin prejuicios, que estamos en lo cierto, esto es, que el gran almirante Cristóbal Colón, y no Colombo, fué español.
¿Qué |riunfo no será para España si conseguimos 131
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
salvar el error histórico que hasta hoy se viene come- tiendo? Es preciso, necesario, indispensable, que la Co- misión de la Real Academia venga a esta capital, pues no se necesita ninguno de los documentos presentados por La Riega para acreditar que Cristóbal Colón fué español; dejemos que duerma el sueño eterno sin pe- netrar en el santuario de su conciencia en averiguación de si fué él quien alteró los documentos o si fué algún otro, pues yo deseo que se termine este asunto sin que haya escándalo, evitado 'hasta hoy con mi prudencia y serenidad, y con el aplomo que me dan mis años y la rectitud de mis procedimientos. Si tengo la dicha de que venga usted presidiendo la Comisión, es posible que me anime a descorrer ante sus ojos el velo que ha obs- curecido este asunto.
Aprovecho esta nueva oportunidad para reiterarme de usted con mi más distinguida consideración como su más atto. s. s., q. e. s. m.,
I (Firmado.) Prudencio Otero Sánchez."
Antes ¡de recibir contestación del Sr. Altolaguirre a mi carta anterior, nos sorprendió la siguiente comuni- cac^'ón de la Real Academia: ,
"En la sesión de la Academia del 14 del mes corriente el académico de número Sr. Menéndez Pidal dio lectura, en nombre de la Comisión -que ha estudiado las copias fotográficas de los documentos remitidos por V. S., re- lativos a la cuestión promovida sobre la patria de Colón, del informe siguiente: ,
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Interesada esta Eeal Academia de la Historia por la Diputación provincial de Pontevedra en el estudio de los documentos que se aducen para probar la pa- tria gallega del almirante Cristóbal Colón, el señor di- rector de nuestro Real Instituto nombró en i.* de agosto de 1917 una Comisión, compuesta por los aca- démicos Sres. Al¿olaguirre, Ureña y Bonilla San Mar- tín y del correspondiente D. Julián Paz, la cual había de trasladarse a Pontevedra para el examen y apre- ciación de los citados documentos. Mas como, por causas bien conocidas, esa Comisión no pudo realizar el proyectado viaje, la Academia, en 20 de octubre, propuso a la Diputación tres soluciones posibles : i .*, el aplazamiento, , sin término, del asunto hasta que la Comisión hallase oportunidad de realizar su viaje; 2.", el envío a Madrid de los documentos en cuestión "con las seguridades y garantías necesarias", a fin de .proceder aquí a su examen, y 3.', la renuncia por par- te de la Academia de la misión que sobre sí había to- mado. I '
La contestación a esta comunicación no se dio hasta el 22 de diciembre, en que D. Antonio Pazos, como presidente de la Diputación y a la vez como presidente de la Asamblea magna Pro-Patria Colón, contestó acep- tando el aplazamiento y enviando varias fotografías y otros antecedentes ip&ra que la Comisión los examinase mientras llegaba el tiempo de poder realizar su viaje a Pontevedra.
Mientras esta respuesta se hacía esperar llegó a ser totalmente imposible el viaje de la Comisión nombrada
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PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
en agosto, por ineludibles ocupaciones que retienen en Madrid a sus individuos.
Entonces el director de la Academia, confiando en el envió de los documentos mismos, como medio más fácil y expedito de proceder a su estudio, habia designado una nueva Comisión, compuesta de los Sres. Vignáu, Ureña y Menéndez Pidal, para el examen paleográfico de las cuestiones que esos documentos suscitan.
Pero en vez de los documentos originales, la Asam- blea Pro-Patria Colón envió, como queda dicho, tan sólo las fotografías.
Entonces la nueva Comisión quiso conformarse a es- tas desfavorables circunstancias, y cada uno de sus in- dividuos fué estudiando por separado las copias foto- gráficas remitidas, reuniéndose después para tratar de los resultados obtenidos. En estas reuniones se discu- tieron varios puntos históricos, mas por último se llegó a limitar el campo de acción al terreno paleográfico, con- viniéndose en dos conclusiones : Primera, el nombre de Colón se lee, al parecer, de un modo indudable en va- rios de los documentos enviados en copia fotográfica, demostrando que este nombre de familia era usual en Pontevedra en los siglos xv y xvi ; segunda, en otros casos, quizá los más interesantes por la fecha o por el nombre previsto de ese apellido familiar, la denomina- ción de persona presenta en las fonografías señales de raspadura, retoque, mancha o escritura posterior a la del resto del documento, y lo mismo sucede, acaso en mayor grado, con los nombres que llevan el patronímico
FONTEROSA.
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ESPAÑA, PATRIA DE COLON
\ Los esfuerzos realizados para formar un juicio acer- ca de estos casos dudosos fueron inútiles. El examen ¿e la autenticidad de esos nombres exigiría una compli- cada apreciación, no sólo respecto a la forma de la le- tra que la fotografía reproduce, sino respecto al estado del papel, a la clase de tinta y a la composición de las manchas que ofuscan dichos nombres, circunstancias todas imposibles de apreciar en una fotografía.
Por lo tanto, la Comisión, a pesar de su buen deseo de cumpilir de modo satisfactorio su cometido, tiene que abandonar su idea de dar su dictamen, mientras la Asamblea Pro-Patria Colón no se decida a enviar los documentos originales para su estudio directo, toda vez que los académicos que suscriben no pueden pensar en hacer un viaje a Pontevedra, que siempre sería para ellos del más alto interés, pero al cual tienen que renun- ciar en absoluto por causas muy diversas e imperiosas."
Aprobado dicho informe por la Academia, acordó ésta que por la Secretaría de mi cargo se pidiese a V. S. la remisión de los documentos originales con cuantas garantías de seguridad sean necesarias, pues la Acade- mia en asunto de tan gran importancia desea examinar- los en pleno ; lo que tengo el honor de comunicarle, cum- pliendo dicho acuerdo, para los efectos oportunos.
Dios guarde a V. S. muchos años. Madrid, 31 de mayo de 1918.
El Secretario accidental,
Juan Pérez de Guzmán Gallo.
Señor presidente de la Comisión Pro-Patria Colón, Diputación provincial , de Pontevedra." 135
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Después de recibida la anterior comunicación, fué en mi poder la atenta carta dd Sr. Altolaguirre que trans- cribo a continuación:
"Madrid, 5 de junio de 1918. Sr. D. Prudencio Otero.
Distinguido amigo: La Comisión encargada por la Academia de^ dictaminar acerca del valor de los docu- mentos relativos a Colón expuso que no podía informar en definitiva sin tener a la vista los documentos origi- nales. Con este motivo, atendiendo a los deseos de us- ted, sostuve la propuesta de que fuese a Pontevedra la Comisión, pero me quedé solo, y así consta en acta, por- que tras larga discusión, en que tomó parte buen núme- ro de compañeros, la Academia acordó, vista la impor- tancia que va tomando este asunto, ser ella en pleno la que estudie los documentos, a cuyo efecto interesará que se le remitan los originales.
La solución la encuentro lógica, porque, en realidad, el fundamento de todo el castillo levantado por La Rie- ga está en los documentos, y natural es que todos los académicos quieran juzgar por sí antes de emitir su voto en asunto de tal trascendencia.
Digo que el fundamento de la teoría de la Riega está en la documentación porque, a mi juicio, y según puede ver en el trabajo que leí en la Academia y que aparece inserto en el Boletín que le remito, los demás argumen- tos por él aducidos carecen de valor probatorio.
El hecho de que el apellido Colón aparezca en Gali- cia no es suficiente ; Colones, Colambos, Colomas y Co-
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lomos aparecen en muchas partes (fíjese que al princi- pio el Almirante -se llamó en (Castilla Colomo) ; lo que es necesario que aparezca es la genealogía completa, como aparece en Italia con los Colombos. ^ Suyo afectísimo amigo,
^ Ángel de Altolaguirre.'*
Esta carta, como la anterior comunicación de la Aca- demia, fueron contestadas casi simultáneamente, la pri- mera por mi y lia segunda por el presidente de la Asam- blea magna Pro-Patria Colón, en la forma siguiente :
"Puebla del Caramiñal, junio 15 de 1918. Sr. D. Ángel Altolaguirre.
Madrid.
Mi distinguido amigo: Recibo aquí su muy aprecia- ble del 5 del corriente, pero no así su último trabajo pu-' blicado en el Boletín de la Academia, que, seguramente, debe estar en mi casa de Pontevedra, adonde lo he man- dado buscar.
Agradezco a usted, ante todo, los esfuerzos que hizo (accediendo a mis deseos) de sostener en la Academia la propuesta hecha por la Comisión Pro-Patria Colón, de que viniese a Pontevedra la de la Academia, y sien- to que esta Corporación no hubiese accedido a tan justa pretensión, pues la solución por ella propuesta de en- viar los originales a Madrid no es posible llevarla a eje- cución.
¿Cómo es posible enviar la iglesia de Santa María la 137
PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
Grande, de Pontevedra, donde, en caracteres pétreos, se halla la capilla que contiene la inscripción de Juan de Colón? ¿Cómo se puede enviar el crucero de Porto Santo? ¿Cómo la base del mismo, en donde se halla la inscripción de Juan de Colón frente a la casa a que la tradición de tres siglos designa fué del que descubrió Jas Américas ? ¿ Cómo se desprende el Archivero de las Notarías de los protocolos del notario Alonso García de Sisto, correspondientes a los años 1518 y 1529? ¿Quién tiene autorización para enviar el libro de visi- tas de la Cofradía de la Santísima Trinidad, en donde se halla el acta de la visita verificada en 1576 por el muy magnífico y reverendísimo D. Cristóbal Colón? ¿Cómo se pueden enviar los Registros de la Propiedad de Pontevedra, en donde se hallan anotadas ventas de casas, tierras y foros de los descendientes del almiran- te D. Cristóbal Colón, naturales de Méjico? ¿Cómo se pueden remitir los documentos que obran en poder de particulares y que no tienen por qué desprenderse de sus títulos de propiedad? ¿Cómo se puede enviar la tra- dición sino viniendo aquí, la Comisión y haciéndola ella misma, aparte de la que le envíe el socio correspondien- te de la Academia ,Sr. Fernández Gil, con los demás trabajos que sobre este asunto tiene preparados y que illevaron a su ánimo como al mío que Cristóbal Co- lón no tuvo por cuna Genova y sí España (Ponteve- dra) ? Y, en fin, ¿ cómo puede informar la Real Acade- mia en un asunto de tal importancia para España sin que envíe a Pontevedra una Comisión de su seno que la informe, no sólo de la veracidad de los documentos,
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.sino de todos los indicios que aqui existen y que for- man una plena prueba, y de las consultas que se le ha- gan, de las cuales tiene que desprenderse necesariamen- te que Cristóbal Colón no fué nunca ni Colomo, ni Co- lombo, ni Coloma, ni Colombus?
Pero a mi no me inquieta nada de lo que la Academia piense en italiano, puesto que e^o se destruirá (y tengo la seguridad de ello) cuando se examinen los documen- tos de Italia, puesto que a esto se tiene que llegar; lo que si me inquieta es lo que usted me dice en la suya de que tiene que aparecer la genealogía de los Colones, como aparece la de los Colombos en Italia. Yo creo ha- berle dicho en mi primera carta que la genealogía del Almirante será difícil hacerla hoy (por no decir impo- sible), puesto que no me dan siglos de tiempo como en Italia para arreglarla — ^y no porque no pudiera hacerse verídica, sino porque ha habido en este asunto alguien que la ha estropeado — ; y como decía el Almirante en su testamento, refiriéndose a doña Beatriz Enríquez: *'La razón <ie ello no es lícito de la decir aquí."
Yo he enviado a la Academia i6 fotografías y dibu- jos referentes a documentos y otras pruebas del apelli- do Colón, y entre ellos sólo presento de los documentos " del finado La Riega los números, si mi recuerdo no me es infiel, ii,. 13, 15 y 16; pues, aun cuando están tacha- dos de falsedad, yo he de demostrar que ellos dicen lo mismo que decían en su prístino estado, y con especiali- dad el número 11, que fué encontrado en el archivo del Ayuntamiento de Pontevedra por el Sr. D. Casto Sam- pedro y el malogrado joven Sr. Castiñeira, en donde se
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halla los dos nombres de Domingo de Colón y Benja- mín Fonterosa — documento ¡que fué la base de todo cuanto hoy se ha escrito respecto a Colón, español.
Yo, como buen gallego, no he dicho todo lo que hay que decir ni todo lo que hay que ver, porque esto lo dejo para cuando venga la Comisión de la Academia; porque es preciso, necesario e indispensable que ella venga, si es que la Real Academia de la Historia es- pañola entiende que este asunto vale la pena de que al- gunos de sus miembros hagan el sacrificio de hacer un viaje de unas cuantas horas. Yo maldigo la hora en que la huelga ferroviaria ha detenido el viaje que usted y compañeros de Comisión estaban dispuestos; a hacer, porque, aun conociendo el prejuicio que en la Acade- mia hay para salvar este error histórico, es tal la con- vicción que tengo de que estoy en lo cierto, que no me cabe en la cabeza que, pensando en español, pueda na- die sostener que la genealogía de Cristóbal Colombo corresponde a la de Cristóbal Colón. Pues, ¡qué!, ¿hay alguien que en el terreno del derecho pueda sostener que el que dice en el único documento público que existe en España que su linaje verdadero es de los de Colón, le dé por lijiaje a un Colombo? Y aun siendo así, ¿cómo se obliga a los descendientes de aquel grande hombre a estar usurpando un derecho civil, incurriendo en un de- lito que castigan todos los Códigos penales del mundo ? Una de dos, o los descendientes del Almirante son ''Co- lón" o ''Colombo" ; sin son lo .último, son italianos, por más que en España hay Colombos; pero si son de los de "Colón", tienen que ser forzosamente españoles.
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A los descendientes del Almirante les basta y les so- bra con que su genealogía empiece con él ; no necesitan que empiece en su abuelo postizo, Juan Colombo, ni en su padre, Domingo Colombo. Y a propósito de esto voy a tomarme la libertad, y, si no €s una indiscreción, qui- siera preguntarle : ¿ Ha tenido usted a la vista los do- cumentos en que se funda la genealogía italiana? Esta pregunta la hago porque si (ha tenido usted a la vista el acta notarial de 26 de agosto de 1472 (creo que ésta es la fecha) debió usted leerla muy ligeramente, porque ella demuestra de una manera clara y terminante que el Cristóbal Colombo, lanero, que en ella figura con su padre, Domingo Colombo, también lanero, no puede ser el Cristóbal Colón, marino, que en esa época estaba en Portugal.
Yo deseo, Sr. Altolaguirre, que, por amor a la Pa- tria y, sobre todo, por amor a la verdad, venga esa Co- misión, que es la que debe llevar la gloria de esclarecer la cuna de Colón, pues después de haber estado yo tres años investigando y estudiando todos los elementos que pueden reunirse sobre este asunto, o tengo que con- vencer a la Comisión de que Colón fué español, o tiene ella que ilustrarme, con datos que yo desconozco, de" que es genovés.
No crea usted, como me decía en su primera ^carta, que el finado La- Riega nos sugestionó; no, señor Altolaguirre. Yo lo único que sostengo de La Rie- ga es que fué el primero en proclamar la patria españo- la del Almirante; pero me separo de sus documentos y de su labor conjetural, y sostendré, si usted quiere, mi
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tesis de que Cristóbal Colón no es Cristóbal Colombo, y de esto estoy tan cierto cojno de que existo.
Ni España, ni la Real Academia, ni yo quedaremos jamás en ridículo (como me decía usted en su primera), aun cuando llegase Italia, por otros medios que hoy no se conocen, a probarnos que el Almirante era genovés, porque es indiscutible que ni él en vida ni nadie ase- guró quién era su padre, ni quién era su abuelo, y si dijo que era genovés fué porque así le convenía y así lo tenía proyectado seguramente con Oderigo, aunque no lo pudo conseguir, como se desprende perfectamen- te de su correspondencia con este embajador.
Perdone que le moleste con esta larga epístola, que le escribo al correr de la pluma en esta su casa de cam- po y sin ningún antecedente a la vista, y que tiene por objeto rogarle se digne indicarme de qué medios puedo valerme para conseguir lo que el finado P. Fita había dispuesto, que es lo que yo deseo y lo que yo creo ló- gico; esto es, que venga a Pontevedra una Comisión de esa Corporación.
Lo saluda con la consideración de siempre su afectí- simo amigo,
Prudencio Otero Sánchez."
COMUNICACIÓN A LA REAL ACADEMIA
"La Comisión Pro-Patria Colón, que tengo el honor de presidir, se ha enterado con profunda pena del acuer- do tomado por esa Real Academia con fecha 14 de mayo último, y que me ha sido transmitido por la Se-
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cretaría de la misma el 31 del referido mes; acuerdo del cual se desprende que esa Corporación halla más factible que esta Comisión envíe los documentos origi- nales y demás elementos de juicio para salvar un error histórico len asunto de tanta importancia, que enviar a esta capital una Comisión de su seno para que informe con toda la amplitud que sea necesaria respecto al "re- conocimiento y examen de los documentos que se le presenten y apreciar, además de su autenticidad, el ver- dadero valor testifical de todos los antecedentes que se le consulte" ; como asi estaba acordado, según la comu- nicación de esa Dirección del 16 de juHo de 191 7.
La Comisión que presido espera confiadamente que vuecencia ha de conseguir encontrar entre los seño- res académicos aquellos que por amor a las glorias pa- trias y por amor a la verdad, sepan y quieran afron- tar el sacrificio de hacer el viaje a esta capital, pues por las razones que paso a exponer y que V. E. encon- trará justificadas, no es posible a esta Comisión cum- plimentar el acuerdo citado del 14 de mayo próximo pasado. ,
(Siguen las mismas razones que en la anterior carta al Sr. Altolaguirre.)
Y, por último, ¿cómo es posible, sin venir a esta ca- pital la Comisión de la Real Academia, aclarar e inter- pretar rectamente, con el escalpelo de la crítica históri- ca y de deducciones lógicas, los documentos y elemen- tos que nos proporcionan los escritos reconocidos como del propio Almirante y los mil indicios que existen para
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
demostrar que la genealogía italiana de ''Cristóbal Co- lombo" no es ni puede ser la de "Cristóbal Colón" ?
En consideración a las razones expuestas, esta Comi- sión confía que V. E. comprenderá que es preciso, ne- cesario e indispensable venga a esta capital una Comi- sión de esa Real Academia, con los objetos indicados; y si V. E., con el ascendiente que tiene como director de ella, no. lo pudiera conseguir, nos lo comunique in- dicándonos si encuentra otro medio para poder llevar a término un asunto que importa y significa una de las principales, por no decir la mayor, de las glorias espa- ñolas.
Dios guarde a V. E. muchos años. Pontevedra, ju- nio ly de 1918.
(Firmado.) Antonio Pazos. Excmo. Sr. Director de la Academia de la Historia."
Cuando esperábamos confiadamente que la Real Aca- demia de la Historia, viendo la imposibilidad material de enviar los originales de las fotografías remitidas, se resolviera a cumplir el ofrecimiento hecho de enviar la Comisión de su seno, nos encontramos con lo que yo había previsto hace tiempo, o sea que desiste de toda in- gerencia en este asunto y nos dirige la despectiva si- guiente última comunicación:
■ "Di cuenta a la Academia, en su sesión del día 28 del pasado junio, de la comunicación de V. S. fecha 17 del. mismo, y confirmándose el Cuerpo en su acuerdo del
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dia 14 de mayo último, que con fecha 31 del propio mes tuve el honor de trasladarle, resolvió que se devuelvan a V. S. las mil pesetas que me fueron giradas para los gastos de viaje de la Comisión que había de ir a Pon- tevedra para examinar los documentos relativos al Cris- tóbal Colón que tuvo por cuna esa localidad y que la Comisión Pro-Patria Colón opina que fué el descubri- dor del Nuevo Mundo.
No habiéndose remitido por esa Comisión a examen de la Academia los documentos originales de esta cues- tión,^ siendo su acuerdo que ella misma, en pleno, los examinase, la Academia da por terminada su interven- ción en este asunto.
Dios guarde a V. S. muchos años. Madrid, 6 de julio de 1918.
" El Secretario accidental,
(Firmado.) Juan Pérez de GuzmAn y Gat^lo.
Sr. D. Antonio Pazos, presidente de la Comisión Pro- Patria Colón."
Ante la desconsideración que entraña este documen- to, la Comisión Pro-Patria Colón se disuelve, pues, como dejo dicho en el capitulo ''Al lector", sólo por deferen- cia a mi amistad ha servido de intermediaria entre la Academia y yo, quedando a mi cargo la demostración de que no es Genova la verdadera cuna del Almi- rante Cristóbal Colón,
Deseo que la opinión del Mundo se entere de que hay 145
PRUDENCIO OTERO SANCHBZ
una Real Academia de la Historia que, tratándose de un asunto de tal magnitud para la Patria, toma por pre- texto para no intervenir en él pedir que se le remitan los documentos originales que tiene que examinar; cuando debe saber que es imposible enviárselos sin un Real decreto o una ley que obligue a los archiveros no- tariales, registradores de la Propiedad y curas párro- cos a remitirlos, pues ni la Comisión Pro-Patria Colón, ni el autor de estos modestos trabajos, tienen autoriza- ción para ello.
VII MI ALEGATO *
¿ C o » ó N o C O L O xM B O ?
Es indiscutible que el Almirante tuvo decidido inte- rés en que su origen y patria fuesen desconocidos, y por esto no hay posibilidad de poder retrotraerse del año 1470, en que arribó a Lisboa — como él mismo nos lo cuenta — nadando sobre un remo y como único su- perviviente, después de estar combatiendo todo el día con unas naves venecianas.
Desde este año podemos averiguar la vida del gran- de hombre, pues no ha querido darnos más noticia de su pasado sino que se había embarcado muy joven — ^a los catorce años, según su hijo Fernando — y que había navegado veintitrés años, sin estar en ningún puerto tiempo que haya de contarse.
Desde su institución Mayorazga de 1498 hasta hoy continúa la duda respecto a su origen y patria, pues si bien se ha querido dar por buena la genealogía, arre- glada en Italia, a partir de su abuelo, Juan Colombo, ya demostraremos que ésta no es la del Almirante.
Como muy bien dice el conde Roseelly de Lorgnes en su obra Cristóbal Colón, de 1892 (primer tomo, pá-
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PRUDENCIO OTERO SÁNCHEZ
gina 26), es este hombre en nuestra época menos co- nocido que un siglo atrás. La incertidumbre de la opi- nión es cosa notoria ; y sabíase que no se sabía o que se sabía mal.
El americano Washington Irving comienza con estas líneas su célebre obra: ''Nada cierto se sabe acerca de los primeros años de Cristóbal Colón. La época, el lu- gar de su nacimiento, están envueltos en igual obscuri- dad ; ni son más conocidos sus antepasados ; y ha sido tal la fatigosa esterilidad de los historiadores, que es difícil descubrir la verdad en medio del laberinto de conjeturas que la envuelven."
El P. Beaumón dice en su primer tomo de la Histo- ria de Colón, en la colección hecha por el padre fran- ciscano de la provincia del Santo Evangelio, de Méjico, Manuel de la Vega (único ejemplar que se conserva en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia), refi- riéndose a su hijo D. Fernando, "que fué sacerdote, va- rón de grande literatura y escribió con mucha verdad los sucesos de su padre y hermano, no dando lugar de que los adulterasen sus enemigos".
Y para no hacer más fatigosa la demostración de que el Almirante dejó a designio de la obscuridad su ori-' gen, no citaremos los- innumerables historiadores que así lo manifiestan, y así lo asegura su hijo Fernando.
Queda, pues, reducido el problema a buscar la patria de Colón, puesto que la genealogía, o sean sus antece- sores, es difícil hacerla desde que él, sus hermanos y sus hijos no nos han dicho quiénes fueron sus padres, y no queremos hacer lo que en Italia, buscando una ge-
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nealogía que, con toda seguridad, nada tiene que ver con ía del Almirante.
Para nuestro propósito nos basta y nos sobra con demostrar que no puede ser genovés, y no siendo ge- novés, ¿de dónde es?
Queda, pues, sencillamente este asunto convertido en una cuestión de derecho; y es tiempo de que aduzca- mos las pruebas que para ello tenemos.
PRUEBAS
El Sr. Altolaguirre, llevando Ja voz y tal vez la re- presentación de la Real Academia de la Historia, nos presenta con un lujo, de detalles en su trabajo preinser- to 'la genealogía colombiana que existe, arreglada en Italia. Son perfectos y han de agradecérselo los italia-
. nos. A mi modo de pensar, merecerían otra causa mejor.
P Hay que advertir que el Sr. Altolaguirre confiesa que muchos de los documentos que aparecen en Italia son apócrifos, y que ''el que algún documento Ihaya re- sultado falso no prueba que lo sean todos los demás, y por esto, ínterin no se demuestre de una manera evi- dente, como resultado de una investigación direda y reconocimiento técnico, que son apócrifos, tendremos por auténticos todos los publicados por la Real Comi- sión Colombiana".
Eso es lo que deseamos : que se realice una investiga- ción por hombres sin prejuicios de varias nacionalida- des, y que así como se hizo en Italia con algunos docu- mentos que se habían falsificado burdamente, se proce- da con los documentos españoles, pues si algunos de
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log presentados por La Riega fueron reargüidos de fal- sos, los hay exentos de semejante inculpación.
En mi primera exposición de 6 de febrero de 191 7 preguntaba de luia manera concreta : Cristóbal Colón, ¿ era Colón o Colombo ?
A esta pregunta parece que el Sr. Altolaguirre quiere contestar de modo indirecto presentándonos la genealo- gía colombiana.
El eminente académico de la Historia excelentísimo Sr. D. Ricardo Beltrán de Rózpide publicó en 15 de junio de 191 8, con motivo de la Fiesta de la Raza, un artículo — que es cumplida respuesta al estudio filológi- co de su colega el Sr. Altolaguirer — ^y que transcribo a * continuación. j í^ ]
CRISTÓBAL COLÓN Y LA FIESTA DE LA RAZA
"El 12 de octubre va a ser en España fiesta nacional con la denominación de Fiesta de la Rasa. Ya lo es en la mayor parte de los Estados liispanoamerícanos, como *' homenaje a la Nación española y a Cristóbal Colón", según la calificó el Congreso peruano ; como "homena- je a España, progenitora de naciones, a las cuales ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal", según declaraba en reciente fecha el Poder ejecutivo de la República Ar- gentina.
Es la Fiesta de la Raza hispana, celebrada el día del año en que navegantes españoles, dirigidos por Cristó- bal Colón y los Pinzones, vieron la primera tierra de las Indias occidentales.
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E S P A Ñ A, P A T RI A DE COLON
Todo fué español en aquella magna empresa, pues hasta el mismo Colón, que como extranjero se había presentado en Cotilla, como natural de estos Reinos se consideraba, hasta tal punto que, aparte el latín que empleó en algunas ocasiones, en castellano habló y es- cribió también. Con razón un ilustre orador colombia- no, Antonio Gómez Restrepo, decía en la Fiesta de la Raza, en 1917, en Bogotá, que el castellano fué el idio- ma que usó Colón "aun en aquellos escritos de tal ma- nera íntimos y personales que sólo se redactan en la lengua que se ha aprendido a hablar desde la cuna". En castellano consignó los incidentes de sus portento- sos viajes, en forma de diario ; en castellano están sus cartas ; en castellano fué escrito el libro extraño de "Las Profecías", que nos revela hasta dónde alcanzaba la exaltación de su espíritu de iluminado en aquel hombre de sentido tan práctico y tan positivo. No empleó Co- lón en los momentos decisivos de su existencia el idio- ma del Dante, que ya por entonces había llegado a su perfección clásica, sino la lengua vigorosa, enérgica, ruda todavía, pero próxima a los esplendores de la edad de oro, de la cvval había de decir Carlos V poco des- pués que era el idioma más apropiado para hablar con Dios.
Si a pesar de la rotunda negativa de D. Fernando Colón, su padre, D. Cristóbal pudo haber sido uno de los hijos del Doménico Colombo, tejedor, tabernero y propietario en Genova, hay que reconocer que nunca en documentos oficiales, en Reales cédulas, provisiones, tí- tulos, asientos, memoriales y cartas relativos al almi-
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raíite D. Cristóbal Colón, aparece el apellido Colombo, ni se alude en ningún escrito del Almirante a la fami- lia que dieron como suya los analistas o historiadores genoveses. Si aun no siendo de dicha familia, fué ge- novés, como está escrito en papeles testamentarios, no quiso Colón que se supiese que lo era.
Se presentó en Andalucía como extranjero que ha- bía pasado casi toda su vida en el mar, desde muy tem- prana edad, sin referirse nunca a su patria y familia ; era un desconocido que no se decía español, pero que usaba un apellido bastante común en España. Colomo, Colom y Colón se apellidaba cuando pidió y obtuvo, en 1487 a 1492, los auxilios pecuniarios que de orden de los Reyes le entregaban los tesoreros o contadores, y Colom y Colón se le apellidaba en el finiquito de las cuentas de Santaniel y Pinelo; Colón le llama en su carta el Rey de Portugal ; Colón se le llama en las Ca- pitulaciones de Granada, que refrendó un español casi de su mismo apellido, Juan de Coloma, y aun este ape- llido Coloma es el que le da Aníbal Juanuarius al no- ticiar la llegada a Lisboa de "uno que ha descubierto ciertas islas"; Colón se apellidaba él mismo en el preámbulo del Diario de a bordo ; Cofcn se lee al pie de la postdata de las cartas*que escribió a Luis de San- tángel y a Rafael Sánchez al regresar de su primer via- je; Colón y no Colombo. es el dilecto hijo de que habla Alejandro VI en su bula de 1493 ; 'por último. Colón se apellidaban los de su linaje, según declara en la ins- titución de mayorazgo, en ese documento que debió es- cribir con la vista puesta en el país de los Colombos,
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en la República de Genova, "su amantísima patria", se- gún el codicilo militar apócrifo de 1506, en la ciudad de Genova, *''de donde salió y en donde nació", según la citada institución de mayorazgo. Y, «in embargo, tan españolizado o castellanizado estaba el Almirante que, suponiendo que fuera de la familia de aquellos Colom- bos, no recordaba o no tuvo en cuenta, aun tratándose de acto en que tanta transcendencia tiene el apellido, que en Genova, los de su linaje, se llamaban Colombos y no Colones.
¿Que Colombo, por una parte, y Colón, Colom o Colomo, por otra, son un mismo apellido ? ¿ Que los Co- lombos italianos se llamaban Colones en España, y los Colones o Colomos españoles eran Colombos en Italia, como a los Coullon franceses apellidaban Colón los es- pañoles y Colombo los italianos?
Puede ser. Pero el hecho indudable es que Cristóbal Colón siempre, hasta el último momento de su vida, quiso llamarse Colón, a la española, y no Colombo, a la italiana. Esto es lo que me importa dejar consignado, el hispanismo de Cristóbal Colón y, por consiguiente, su derecho a ocupar ^bajo todos conceptos, incluso el de español, puesto preferente en la Fiesta de la Raza his- pana.—Ricardo Beltrán y Rózpide, de la Real Aca- demia de la Historia.— Madrid, 15 de junio de 1918."
Al anterior trabajo del Sr. Beltrán y Rózpide tengo que agregar algo que entiendo no se puede contrarres- tar obrando en buena fe y empleando argucias del de- recho propias de personas poco serias, y es acotando
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con el único documento que puede hacer fe en juicio, cual es la institución Mayorazga de 1498.
En ella dice lo siguiente: "Haya el dicho Mayorazgo y le suceda y herede el pariente más llegado a la per- sona que heredado lo tenía en cuyo poder prescribió, siendo hombre legítimo que se llame y se ha3^a siem- pre llamado de su padre o antecesores, llamados de los de Colón, El cual Mayorazgo en ninguna manera lo he- rede muger ninguna. Salvo si aquí (en Sevilla) ni en otro cabo del mundo no se fallase hombre de mi linage verdadero que se hobiese llamado y llamase él y sus an- f tecesores de Colón."
Linaje no hay más que uno, y, al decir verdadero, ya reconoce de una manera explícita que en algún tiem- po había usado otro que no era el suyo.
Se quiere emplear la argucia de que al referirse a los de Colón era a los que le sucedieran; pero esta argucia es inocente, porque Colón se refiere a sus an- tepasados y bien claramente lo establece al decir que se . llame y se haya llamado siempre de su padre o antece- sores.
De manera que aquel que no se haya llamado de su padre o antecesores de Colón no puede heredarle.
El Almirante demasiado sabía que existían Colombos, Colombus y Colomias en Genova y España, y por eso, y para que nadie pudiese argüir con sutilezas filológicas, que seguramente él (como yo) no se había dedicado a estudios de ese género, quiso dejar con todos les deta- lles que nuestro idioma nos enseña que él y sus antece- sores eran de los de Colón.
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BI Almirante tenía la seguridad de que sus hermanos Bartolomé y Diego, el primero ya por su edad y el se- gundo por sus ideas eclesiásticas, no le dejarían suce- sión, y toda su esperanza la cifraba en sus hijos, es- pecialmente en Diego; pero en la duda de que por cualquiera evento no tuviera sucesión, no quería que el fruto de sus desvelos y trabajos viniesen a disfrutarlo algunos de los Colombos ; he ahí la razón por que fué tan minucioso y expresivo, en su institución Mayorazga, no dejando duda alguna respecto a los que debían suce- " derle en el caso de que quedase vacante su sucesión por falta de varón.
Juzgo que, para demostrar que era Cristóbal Colón y no Colombo, no se necesitaba mayor argumentación; pero se pueden aducir otras pruebas tan concluyentes como la que emana de esa Institución.
El almirante, siempre que se dirige a los Reyes de España se llama Colón. En la carta que le dirige el Rey Juan II de Portugal, cuyo original existe en el archivo de Veraguas, le llama "Cristovan Colón". En las cartas que él dirige a los Reyes Católicos se apellidaba siem- pre Colón. En las cartas que escribe al escribano de Ración; en la que dirige al magnífico Sr. Rafael Sán- chez, tesorero de los Monarcas ; en la carta al ama del Príncipe D. Juan se firma Colón, y todas las Reales cédulas de los Reyes Católicos e Instrucciones, siempre, siempre se empezaban "El Rey e a la Reina : Don Cris- tóbal Colón, nuestro almirante de las Indias y tierra firme que son en el mar Océano", etc.
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¿Cómo, pues, se puede admitir la genealogía de los Colombos de Genova?
Pues sencillamente porque él 'ha dicho en su insti- tución Mayorazga ''De Genova salí y en ella nací".
COLÓN NO ES GÉNOVÉS
Hemos repetido hasta el cansancio que el Almimn- te quiso dejar en la obscuridad su origen y patria; y es claro que si él ^hubiese didho cuál había sido el pueíblo de su nacimiento, fácil hubiera sido aclarar lo que él deseaba ocultar; esto, unido a la conveniencia que tenía para sus intereses, el aparecer como natural de Genova, hizo que estampara en la institución Ma- yorazga (Regular perpetua) que allí había nacido ; pues conociendo ese país y sabiendo que no existía en él ninguno de sus antecesores de los de Calón, tuvo buen cuidado de dejar dicho y establecido de una manera clara y terminante que si quedase vacante su sucesión por falta .de varón, que se buscase en -cualquier cabo del mundo aquel que se hubiese llamado siempre de su